Hasta finales de enero
26 dic 2011 . Actualizado a las 12:15 h.Durante estas fechas en las que todos nos deseamos lo mejor, en las que la ilusión y la alegría brillan por doquier, tenemos además la tremenda suerte de poder visitar ni más ni menos que una exposición del genial pintor ferrolano Ricardo Segura Torrella con una selección de obras realizadas a lo largo de su vida. La muestra organizada por Pauloska Pérez-Lago la podemos visitar en la sala Bahía del Hotel Carrís Almirante y se enmarca dentro de un proyecto de continuidad por el cual tanto por el hotel como por la cadena, pasarán distintas muestras artísticas.
En mi visita a la exposición tuve la gran suerte de tener como cicerone a la estupenda fotógrafa Helena Segura-Torrella, hija del pintor, que generosamente se prestó a compartir su experiencia, tan cercana, con el trabajo de su padre. Lo que primero llama la atención es la energía que emana de las obras, a través tanto del trazo como del color; el primero es seguro, fuerte y concreto incluso en sus últimas obras, como el cuadro del «Pájaro muerto» que ilustra este escrito, en donde la pincelada vuela hasta el infinito, transformando el vigor del trazo en luz que vuela al viento deshaciendo lo corpóreo y mezclándose con el aire pero negándose a desaparecer por completo.
Pero si algo caracteriza, desde mi punto de vista, la pintura de Segura Torrella, es su paleta de colores, sin duda rica en matices pero también acertadamente arriesgada en el uso de colores como el rojo sangre que aparece en la mayoría de sus cuadros y que se vuelve seña de identidad.
Los fondos de Segura
Una característica que destaca en la obra de nuestro pintor es la genialidad de sus fondos, el modo en que estos se funden con el primer plano y pasan a ser una parte muy importante logrando su protagonismo.
Es esto lo que sucede en el cuadro «Barcas de Malpica» en donde las casas del muelle no tendrían mayor importancia que la de hacer de acogedor paisaje a las barcas protagonistas si no fuera por la pincelada del autor mediante la cual y al darle a ambos motivos el mismo tratamiento las dota de importancia y hace del cuadro un todo perfecto. El mar, la pesca, los crustáceos, las aves, las flores, los insectos, el cielo? son protagonistas indiscutibles del universo del pintor que definen un mundo muy especial en donde destaca la alegría por la vida en todos sus ámbitos.
No se trata solo del disfrute de lo bello de la vida como símil de lo agradable, sino de la maravilla del hecho de vivir y morir reflejado en los objetos cotidianos y en los no tan cotidianos; en la observación e interés, hasta el último aliento, por lo que le rodeaba, aprendiendo y aprehendiendo los matices más sutiles, dejándose llevar por este amplio cosmos y permitiendo que los demás lo hagamos también a través de su obra.