Prótesis

José Varela

FERROL

an píos que se dicen y ni siquiera dejan pasar las Navidades en la paz del Señor. Les basta con el 20-N. El acto médico seguirá siendo gratuito (pagado con nuestros impuestos). Pero avisa Feijoo de que esa exención no alcanza al resto de la sanidad pública, empezando por las prótesis. De modo que el bis a bis con el doctor puede ser gratis pero tal vez nos cobren por acceder al centro de salud, por el uso de los mingitorios, por el frasco para la muestra de orina o la duermevela en un sillón de escay al pie de la cama del enfermo. No estaría mal que algunos fogosos alcaldes que se desvivieron por que los ancianos de su municipio votasen hace veinte días les contasen ahora que habrán de pagarse su cadera de titanio. De no ser de tan vulgar, este saqueo ideológico de un derecho recordaría al Shylock del Mercader de Venecia y su pretensión de cobrarse una libra de carne de su deudor. Pero con estas medidas -más llegarán: no es clarividencia, es la edad- sucede como con los viejos problemas cotidianos: gozan de lo que los psicólogos denominan fatiga de compasión para definir actitudes como la indiferencia ante las 24.000 muertes diarias por hambre. Piensen en el tren a Caneliñas, el parque industrial de Leixa, el saneamiento de la ría, los baches de Santa Mariña, el muro del Arsenal, la plaza de España... Acostumbrados a que no se resuelvan, los hemos expulsado de las aspiraciones. La frivolidad del cambio por el cambio -¿también el electoral?- nos ha dejado varados a este lado del sueño. Justo al pie de su caja registradora.

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