La vieja aspiración de abrir Ferrol al mar no consiste solo en derribar el murallón del Arsenal. Con ser importante.. El proyecto ha de pasar, necesariamente, por regenerar y volver a hacer habitable el lugar en el que tiene su origen la ciudad y que nunca ha tenido cerradas las puerta al océano. Ferrol Vello, que es hoy el lugar urbanísticamente más deteriorado de la ciudad, conserva casi como un decorado de película una fachada que le permite mantenerse como uno de los lugares preferidos de los ciudadanos para el solaz. Parece un milagro, pero es de momento una realidad, aunque puede tener los días contados.
El incendio, el sábado pasado, de otro edificio en una de las calles interiores del barrio vino a recordarnos la delicada situación de Ferrol Vello. Con más de medio centenar de edificios ruinosos o vacíos, sin apenas servicios, con solo un dos por ciento de la población local viviendo en el barrio y soportando las lacras de los espacios marginales, la urgencia de una intervención es palmaria. El abandono, la ocupación de viviendas en condiciones precarias e incluso los ajustes de cuentas entre grupos o personas que transitan por el lado oscuro retroalimentan y aceleran el deterioro de un espacio urbano que, por historia y ubicación, debería ser una de las joyas de la urbe.
Pero tampoco deben descartase otros intereses en la frecuencia con la que se producen fuegos en las viviendas, derrumbes y cierto tipo de acoso a vecinos que resisten en la zona. Mientras la policía investiga, entre la población crece la sospecha de que en la destrucción del barrio juegan sus cartas intereses inmobiliarios, por más que la ordenación urbanística establezca ya unas limitaciones a la tipología y volumen de edificabilidad. Porque ¿que sucedería el día que Ferrol Vello fuese solo un montón de escombros? Para entonces de poco serviría ya la declaración de Bien de Interés Cultural. Sería el momento de meter la pala y retirar la podredumbre. Como se hizo con Esteiro.
Hace casi diez años, Ferrol Vello fue declarada Área de Rehabilitación Integral y está a la vista que no ha servido de mucho. El concello -con el paso de tres gobiernos distintos- ni siquiera ha sido capaz de gastar en su totalidad los fondos que le transfirió la Xunta para la regeneración de los casos históricos.
¿Está, entonces, todo perdido? Cuanto más tiempo pase, más clara la respuesta. Hace unos pocos días, el geógrafo y estudioso de la evolución social y urbana de la ciudad Enrique Clemente Cubillas planteaba como modelo la sociedad de gestión Bilbao 2000. Con una inversión inicial de capital de 1,8 millones de euros y la participación de administraciones y empresas públicas, ha logrado mudar los lugares más degradados de la capital vizcaína. Simplificando, el sistema consiste en utilizar el beneficio urbanístico de las áreas más codiciadas para regenerar las más abandonadas. En Bilbao se implicaron los gobiernos central, autonómico y local, pero también Adif, Puerto, Feve y la Sepes.
¿Podría ser el convenio urbanístico con Defensa una vía para ensayar soluciones de ese tipo? Ferrol no aspirar a un Guggenheim, pero tampoco puede dar por perdida su historia y su patrimonio.
¿Qué sucedería el día que Ferrol Vello fuese solo un montón de escombros?