Otro día para las reflexiones

FERROL

iene delante un café con leche mediado. Los ojos se le van a una servilleta llena de números. Y de borrones. Es día 19 y el mes comienza a quedar ya demasiado largo. Habrá que hacer mucho encaje de bolillos para llegar al 30. Va a haber que prescindir de cosas en el supermercado. Alguna que otra chocolatina para los niños se va a quedar esta vez en el estante. A los amigos hoy les dirá que no tiene tiempo para quedar a tomar las cañas antes de cenar para ver el partido. Sabe que no puede permitirse la ronda. Porque diez meses sin empleo empiezan a ser muchos. Y en la empresa de su mujer las cosas pintan cada vez peor. No las tienen todas consigo. Pero prefieren no hablar del asunto. Mejor aprovechar el tiempo con algo de optimismo.

Pero a él, por dentro, se le empieza a envenenar la sangre. Porque ya no se le ocurre qué más hacer. Currículos, entrevistas, llamadas de teléfono para ver si se puede conseguir un buen contacto, barridos constantes por Internet... Hace tiempo que se ha dado cuenta de que se necesitan muchas horas para buscar trabajo. Y también de que se quemarán muchas más hasta lograrlo.

Se acaba el café. Se guarda la servilleta. Doblada, para pasarla a limpio en casa. Paga. Sale del bar. Y respira.

Sabe que le queda por delante todo un día lleno de reflexiones. De inquietudes. De momentos de callada intranquilidad. Apenas ha seguido la campaña electoral. Porque eso no le ayuda a quitar la casa adelante.

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