El consultorio

Antía Urgorri E

FERROL

n las sobremesas, esas que se acaban acercando a la cena, de las comidas del patrón o de la Navidad, o de cualquier fecha señalada, siempre surge aquello de evocar. De evocar, por ejemplo, cuando A Graña tenía, no uno, sino dos cines, varios supermercados, una discoteca (La Nave, ¿se acuerdan?), unas fiestas patronales por todo lo alto, una mercería, una farmacia, una escuela, kiosco y hasta un paseo marítimo -por el que se podía pasear de punta a punta sin vallas que sortear-.

Miedo me da que en unos años a la lista interminable de servicios que A Graña perdió y nunca recuperó se sume el de la ausencia de consultorio médico. El cual si desapareciese, pues solo es una posibilidad, por la falta de voluntad de la administración pública, el perjuicio sería notorio para el vecindario de una villa cada vez más envejecido. El desplazamiento al centro de salud de Serantes, que es cierto, solo está a unos kilómetros, suena fácil para quienes no suman unas cuantas décadas a sus espaldas y carecen de un modo de transporte.

Por mucho que se potencie la rehabilitación de viviendas, si no se mantienen los servicios básicos, tan básicos como un centro médico, huelga decir que difícil va a ser incorporar nuevos vecinos en A Graña. Y lo que es más importante, hay que evitar por todos los medios que los que han decidido quedarse, aunque pasen de los setenta, no se tengan que marchar. Solo hace falta un poco de voluntad política.