Un Senado a la carta

Nona Inés Vilariño

FERROL

l título del artículo es intencionalmente ambiguo. Podría significar que a pesar de elegirse el Senado en listas abiertas su composición viene configurada a la carta por los partidos políticos, que intentan condicionar el voto de los electores con estratagemas como la de enviarles las papeletas previamente cruzadas. Pero puede sugerir, y sugiere, que los ciudadanos tenemos la libertad de votar a quienes nos parezcan los mejores, con independencia de que pertenezcan al mismo o a distinto partido, y configurar así una Cámara Alta a la carta, pero cocinada directamente por los electores.

La propuesta de reformar la ley electoral para que las listas sean abiertas o, al menos, desbloqueadas, que parece un deseo generalizado, es una realidad en el Senado desde siempre. Por eso no estaría de más que votásemos, cuando podemos, que es en este caso, de modo concordante con esa permanente reivindicación (algún candidato hasta lo lleva en su programa) de poder premiar con el voto diferenciado a quien creemos que mejor puede defender nuestros intereses, individuales y colectivos.

Me temo que no será así y que, una vez más, la votación para el Senado va a reproducir casi con exactitud la del Congreso: tres senadores para el partido más votado, uno para el segundo. Habrá alguna excepción pero estará motivada por una menor diferencia de votos entre las distintas listas. La pregunta es; ¿candidaturas abiertas para qué? Respuesta; para darle la llave al de siempre.

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