uerida Loli: A ti, que eres la reina del trapo choni, que te encanta ese toque poligonero de las costuras mal acabadas, de los colores radioactivos, de los tejidos futuristas, Taiwán te volvería loca de felicidad. En sus mercadillos nocturnos, donde los tenderetes de vestimenta hortera crecen como setas alucinógenas, es difícil encontrar una pieza de ropa que no haga saltar en pedazos los estrechos esquemas de la elegancia occidental.
Las reglas para comprar ropa de moda en Taiwán son pocas y sencillas: si brilla, mola; si es asimétrico, más; las cremalleras no sólo sirven para cerrar; todos los colores combinan entre sí; los estampados con frases absurdas en lenguas extranjeras son lo más.
El otro día, sin ir más lejos, paseaba entre las filas de pupitres mientras mis alumnos hacían unos ejercicios de gramática. Volviendo hacia la pizarra -los chavales, por tanto, estaban de espaldas a mí- divisé una camiseta feísima de un color indefinible, entre el verde charco y el marrón cuneta.
Sobre tan estimulante fondo destacaban unas enormes letras rosa chicle que decían, bien clarito: Segundo plan quinquenal del presidente Juan Domingo Perón. Toma ya. Como eran las ocho de la mañana y yo a veces deliro, me acerqué a comprobar si tal despropósito era fruto de mi falta de sueño.
No lo era. Alguien, en alguna ignota fábrica de ropa chunga, eligió esa frase para decorar una camiseta. Sus motivos no están al alcance de la mente humana.
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