La falta de soluciones integrales deterioran la imagen de la urbe
16 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Se entre desde el puerto, por la plaza de España o por Catabois, Ferrol recibe al visitante con una muestra de lo que después encontrará repetido en distintas estampas con idéntico trasfondo: deterioro, abandono y falta de soluciones definitivas. La naval es una urbe parcheada a la que, gobierno tras gobierno, nadie ha conseguido reparar de forma integral. Para muestra, bastan estos seis casos.
Y ahora, un socavón. La que un día fue la primera alameda de Galicia hoy se reduce a una pequeña y descuidada zona de paseo -muy transitada sí, dada la escasez de espacios similares en el entorno-: estatuas rotas, mobiliario deteriorado y escaso y ahora, con un nuevo elemento, un gran socavón que alcanza, según informes técnicos, treinta metros de largo en el subsuelo. Ante la esperada reforma del Cantón que nunca llega -se redactó un proyecto financiado por el Plan Urban para intervenir de forma integral, valorado en un millón de euros, con cambios en la estética y la ordenación de espacios- ahora se plantea una actuación de urgencia que intervendrá solo en la zona afectada hace diez días, aunque el suelo se hunde también en otras zonas. Se aguarda invertir en la reparación casi 18.000 euros.
Donde el suelo se hunde. Transitar por este lugar de paso prácticamente obligado para salir del centro es todo una carrera de obstáculos de apenas cien metros. El suelo se hunde bajo los pies. Más bien, bajo los neumáticos de los vehículos que día a día horadan el pavimento de adoquín. Lo hacen buses, camiones y turismos de manera continuada desde hace años sin que nadie le haya puesto remedio. El anterior gobierno había redactado un proyecto con una solución para «muchos años», pese a que su presupuesto era de unos 88.000 euros. Pese a las promesas de inmediatez, fue aplazado sucesivamente con los más variopintos argumentos, incluida la cercanía de la campaña navideña. Ahora, nuevo gobierno, nuevo proyecto, aún por conocer. Pero sigue siendo una «prioridad».
¿Apuntalamiento temporal o definitivo? Era una solución de urgencia, pero en ella la pared de la Cuesta de Mella lleva apoyándose casi ocho meses, desde que en marzo se produjo un desprendimiento de cascotes. Los armazones metálicos continúan decorando el muro. Y el Concello, pagando a la empresa a la que se los ha contratado, mientras pergeña un proyecto para la recuperación, de nuevo «urgente», de la pared y los hundimientos de su parte superior, en los jardines de San Francisco.
En ruina desde los años noventa. Lleva vallado parcialmente más de un lustro, pero el edificio más conocido del barrio de Recimil, que albergó en su bajo la popular cafetería con la que se bautizó el inmueble, es una ruina oficial desde los años noventa. El Bambú Club se ha bamboleado desde entonces al vaivén de los cambios políticos que pugnaron entre la demolición y la conservación del barrio. En el anterior mandato se contrató la redacción de un proyecto para su rehabilitación, que debía servir, además de para recuperarlo, para conocer en qué estado se encuentra el resto del barrio y tener una aproximación de cuánto puede costar salvarlo. Pero ese no es el enfoque del nuevo equipo de gobierno. Mientras se decide qué hacer, la cubierta sigue hundiéndose y las vallas han ampliado la superficie a proteger.
Paradigma de la decadencia. La fachada del barrio de Ferrol Vello encarna la mejor representación del abandono. A la Praza Vella asoma, por ejemplo, la casa natal de Carballo Calero, el edificio que muchos cruceristas del Independence of the Seas se llevaron de recuerdo en sus cámaras fotográficas, llamado a ser un centro cívico. Por el momento solo se ha vaciado. Y aún está por demostrar el efecto BIC de la reciente declaración.
Muchas obras, pocos resultados. Es una de las vías que ha colmado la paciencia de los ferrolanos. Estuvo intermitentemente en obras desde el 2005. En el 2009 sufrió tres cortes por arreglos en solo un año. Una intervención defectuosa en cuatro de sus manzanas, obligó a reparar lo que poco tiempo antes se había reformado. Para completarla aún queda un tramo. Pero lo hecho será necesario volver a levantarlo. Solo es cuestión de fondos, porque la calle que canaliza el tráfico de entrada a la cuadrícula de A Magdalena cada vez es más intransitable.
enclaves estratégicos acechados por el deterioro y el abandono
ebe de ser muy difícil administrar y decidir qué obras, sean grandes intervenciones o pequeñas obras de mantenimiento, se realizan en una ciudad, y más con la que está cayendo, intentando buscar un déficit cero en un presupuesto que no da para pagar a los que han trabajado para ti. Por eso es todavía más difícil dedicar el dinero que tienes a realizar parches, a tapar agujeros, a realizar únicamente intervenciones urgentes para salir del paso, para no provocar daños personales a los transeúntes o para mantener la circulación de la urbe.
Esta es la situación actual de todos los ayuntamientos del país, pero que llama especialmente la atención en los que, como Ferrol, tenemos demasiadas muestras de abandono urbanístico, en todos los barrios de la ciudad, que nos recuerdan que hasta en los años de bonanza económica, la eterna burocracia administrativa y los enfrentamientos políticos han hecho posible que la evolución de la ciudad parezca paralizada.
Esto nos debe de llevar a la reflexión, a saber por qué nos gastamos el dinero en proyectos que no se llevan a cabo u obras que no son la solución. Obras, grandes y pequeñas, que deberían de ser un ejemplo de lo que hay que hacer y cómo lo hay que hacer, que se supone que serán una muestra ejemplar de arquitectura para posteriores intervenciones de la iniciativa privada en la ciudad. Han de ser lo suficientemente buenas para no dejar una impronta tal que suponga un desajuste insalvable o lo suficientemente efímeras para que, el regreso al estado original no sea demasiado costoso. Y como siempre, todas, o casi todas, deben de ser para Ferrol y para los ferrolanos, para las empresas y los profesionales que viven por y para la ciudad, que siguen trabajando a pesar de estar ahogados y que están viendo que el que era su mejor cliente, la administración, se está convirtiendo en un lastre económico para su supervivencia.
La plaza de España es un caso aparte. Nueve años que no han servido para cerrar la principal herida del urbanismo ferrolano. Las vallas todavía recubren varias zonas del espacio que el año pasado volvía a emerger. La plaza todavía tardará muchos meses más hasta ver ejecutado el proyecto del PP, árboles incluidos.