a muerte del ciclista, arrollado por un automóvil en la avenida de Esteiro, nos recuerda que Ferrol no se ha adaptado, todavía, al fenómeno de las bicicletas. Ni la ciudad ha completado la red de carriles, ni los automovilistas y tampoco los ciclistas han acomodado su convivencia en las calles y aceras. Por eso no siempre las autoridades son culpables de lo que ocurre. Tradicionalmente, responsabilizamos de todo al alcalde o al concejal de turno, que es lo más fácil. Era la vía que en el tardofranquismo dejaban los jerarcas del régimen para que los tiros no fueran contra ellos. Por eso gozamos de tanta tradición de poner a caldo al regidor, en ocasiones, sin venir a cuento. Medidas como ajustar la velocidad a lo que indica la señalización, o incluso, reducir un poco los topes máximos mejoran considerablemente la seguridad de viandantes y ciclistas. En el caso de quienes se mueven en bicicleta quizás, es necesario recordar, que el casco debe ir imponiéndose como ocurrió con las motos. También este tipo de vehículos a pedales debe seguir el reglamento de circulación porque no son peatones. El cumplimiento de todas estas normas redunda en una ciudad más habitable, acogedora... Las Palmas, hace décadas, llevó a cabo una campaña para que los automovilistas parasen en los pasos de cebra tras el arrollamiento de un turista. En el país de origen del fallecido, la noticia había colocado a las Canarias como zona atrasada. La campaña dio un vuelco al comportamiento de los conductores. Lo mismo tenemos que hacer en Ferrol, todos.
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