Lo tradicional

Miguel Salas Q

FERROL

uerido Berto: en el mundo mundial las cosas ya no son lo que eran. Las sociedades modernas, en su imparable unificación (tan positiva a veces, tan empobrecedora otras), han ido perdiendo muchos elementos característicos de su identidad tradicional. Uno se da cuenta cuando revisa la indumentaria del paisano de toda la vida: su constitución, su rostro, su forma de andar o de acodarse en la barra del bar son exactamente iguales, pero lleva, en lugar del consabido pantalón de tela negra, uno de chándal, y una colorida gorrita beisbolera donde debiera posarse la elegante boina. ¿Qué decir del paso del zueco a la deportiva? Hemos cambiado la hermosa simplicidad de la madera por el demoníaco diseño del caucho. Parece que la desintegración de algunos viejos elementos es parte indispensable del progreso. Siempre ha sido así, qué duda cabe. No me importa que ciertas cosas desaparezcan, pero no puedo evitar sentir una nostalgia que no sé explicarme. En Taiwán, uno tiene esa sensación constantemente. Los templos, entregados sin compasión al Titanlux más chabacano, se asfixian entre edificios de tal fealdad que anulan la armonía de lo sagrado. Los ancianos, que también han escogido el infame chándal para sustituir sus elegantísimos trajes de taichí, practican esta antiquísima gimnasia con mascarillas contra la polución.

En eso de romper con lo tradicional, incluso con aquello que merece la pena, coincidimos Oriente y Occidente. Qué lástima.