La iniciativa sirve tanto de ropero como de método de financiación
26 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Camisetas a un euro, pantalones a dos y chaquetas a tres. Con estos precios se podría estar delante de cualquier escaparate de una tienda de ropa donde ahora, en época de rebajas, se encontrarían verdaderos chollos. Pero se trata de una tienda de Ferrol muy especial que, con sus precios simbólicos, simula las rebajas todo el año por una buena causa.
Desde camisetas de Fernando Alonso a vestidos de primera comunión, pasando por trajes para ir a una boda, juegos de café, portacedés o juguetes para todas las edades. Todo ello se vende en las Tiendas Solidarias de Ferrol, -calle Alegre y calle de la Iglesia-, coordinadas por Dignidad.
Emergencia social es el proyecto gracias al que el colectivo, desde 2006, ayuda a aquellas familias que tienen serios problemas para cubrir sus necesidades básicas. El Concello colabora con sus iniciativas y mantiene un seguimiento de cada caso, con una evaluación cada seis meses para diagnosticar la situación de la familia afectada.
Actualmente atienden a cerca de 800 personas, una cifra muy superior a la de sus primeros años. En 2007 tenían solo a 150. Para ello llevan a cabo diversos programas, y una de esas facetas es la de ropero.
Dignidad recoge en sus dos tiendas la ropa usada que empresas textiles, APAS o ayuntamientos de otras localidades le donan, así como las de cualquier particular. Las clasifica, selecciona, lava y arregla cuando es necesario. Con ello consiguen cuatro pilares básicos para su subsistencia: primero sirve para abastecer a los que no tienen recursos; además crean empleo, al necesitar gente que se encargue de sus tiendas, y suele tratarse de mujeres en riesgo de exclusión; favorece el medioambiente, pues promueve el reciclaje; y es una fuente de ingresos, al poner una cantidad de ese material en venta.
Jesús Iglesias, responsable de programas, reconoce que «los ferrolanos son bastante solidarios, lo que pasa es que ahora con la crisis, no ha llegado a descender la participación, pero ha bajado la calidad. La ropa está más usada porque la gente no tiene dinero para renovarla más a menudo». Por ello organizan campañas en universidades, centros comerciales o entidades financieras buscando la colaboración, que la gente sea solidaria. Además, apunta que son cada vez más los que necesitan de este servicio, «incluso familias medias compran aquí su ropa para recortar gastos», confiesa.