Carlos de Castro nació en Palencia, pero la vida -y la historia- lo trajeron a Pontedeume, y hoy en verdad puede decirse que sin sus investigaciones habría aspectos fundamentales de la historia de los Andrade que seguiríamos sin conocer bien. Como rincón elige, claro, el Torreón de los Andrade. El último -pero por suerte muy bien conservado- vestigio del palacio de los señores de la villa. Una construcción que guarda la memoria no solo de los Andrade de la Edad Media, entre los que brilló con especial fuerza aquel Fernán Pérez o Bóo al que la leyenda («Yo no pongo ni quito rey, mas ayudo a mi señor») lo confunde a veces nada menos que con Bertrand du Guesclyn, sino también de tan brillantes figuras del Renacimiento como don Fernando de Andrade, el gran general que quiso tener junto a su tumba unas banderas... que todavía no le pusieron. «Aún no sabemos dar a conocer nuestra historia», dice Carlos, convencido de que proteger y difundir el patrimonio ayuda a traer «turismo cultural»; es decir, turismo de calidad. Dice, además, que vivimos rodeados de tesoros. De tesoros de piedra. Y que no sabemos la suerte que tenemos.
Carlos de Castro
50 años
Historiador
El Torreón de los Andrade, en Pontedeume