os concellos ha dejado claro que carecen de fondos para brigadas contraincendios y la Xunta tampoco está para dispendios, ¿nos espera un verano fogoso? Ahí tenemos ya de aviso el incendio de Monfero. Quizás ha llegado el momento de planificar las campañas contra el fuego en contacto con el sector. Los ejemplos del éxito de esta política sobre el terreno son palmarios en la zona norte de Ferrol. Municipios como Cerdido, Mañón y, en los últimos tiempos, Moeche, apenas aparecen en los mapas de incendios forestales de cada verano, ¿por qué, siendo áreas boscosas? Porque los dueños de los montes han tomado conciencia de que con su apoyo es posible cambiar las cosas y acabar con ese pesimismo de lo inevitable de cada verano. Los propietarios forman grupos de vigilancia que dan la voz de alarma ante el primer humo. No es que no surjan conatos de fuego, sino que se apaga antes de que se propague. Cabe recordar que la población rural de Galicia dio la espalda al fuego como respuesta a los planes impuestos por la dictadura. Fue obligada a plantar pinos y eucaliptos por las necesidades de pasta de papel y madera que había en los años 60. Montes comunales fueron reforestados, si era necesario, con la Guardia Civil por delante. No es extraño que luego ardiesen. Por eso, es posible que nos hallemos en el camino de retorno al monte, porque ahora sí se tiene en cuenta a la población del campo como no puede ser de otra forma en democracia. Y si no es así deben exigir que lo sea.