«El otro día me lo decía una señora. Pasear por la calle Real ya no va a ser lo mismo sin La Suiza y la verdad es que tiene razón, pero me voy con la moral alta, porque aunque me gusta mucho mi oficio, ahora voy a poder tomarme la vida con más calma». La frase sale de boca de Julián López Vizoso, propietario de la mítica pastelería de la calle Real, quien, tras casi cuarenta años endulzando la vida de los ferrolanos con milhojas de merengue, bollitos suizos y demás larpeiradas, ha decidido echar el cierre al negocio por cuestiones de salud. «Tengo una invalidez y ya no estoy para tantos trotes. Ahora quiero cuidarme, dar paseos con mi mujer, ir a pescar... En definitiva, disfrutar más de la vida», dice optimista Julián.
El pastelero avanza que La Suiza cerrará sus puertas en mayo y, a partir de entonces, para él ya no habrá más madrugones a las cinco de la mañana ni jornadas de faena en festivos. Tal vez por eso, a Julián la despedida de La Suiza no le está resultando nostálgica ni penosa, sino muy dulce, como todo lo que sale del horno de su establecimiento desde que abrió sus puertas, allá por el año 1954. «Este negocio tiene ya más de medio siglo, pero la tradición pastelera de mi familia viene de más antiguo, concretamente de 1909, cuando mi abuelo abrió la primera confitería en la calle Galiano», explica Julián. Los ferrolanos echaremos de menos sus larpeiradas. Y sí, es cierto. Pasear por la calle Real ya no será lo mismo sin La Suiza.
Encuentro «bazanero»
Alrededor de sesenta jubilados y prejubilados de entre 60 y 85 años del taller de maquinaria de Bazán se reunieron ayer para disfrutar de una comida juntos y recordar viejos tiempos. «Es la primera vez que organizamos una reunión de este tipo, con trabajadores de diferentes generaciones, y partir de ahora queremos institucionalizarla y celebrarla todos los años», comentaba ayer poco antes del almuerzo Felipe Martínez, uno de los organizadores. También recordaba este ex trabajador que el taller de maquinaria de Bazán llegó a ser «el mejor de España» y que de sus naves salieron piezas para multitud de barcos, como la fragata Asturias, así como turbinas para centrales térmicas y nucleares de toda España, como la de Ascó. Tras reunirse en el Cantón de Molins, el grupo se trasladó en autobús hasta el restaurante O Curro, en San Mateo, donde compartieron mesa y tertulia.
Firma de libros
El escritor palentino Carlos de Castro, licenciado en Filosofía por la Universidad de Valladolid y profesor de Geografía e Historia en el instituto Breamo de Pontedeume, visitó ayer la Central Librera de la calle Dolores para firmar ejemplares de su novela La casa de la linterna. El libro está ambientado en la ría de Ares, en los años de la posguerra española, y cuenta la historia de un grupo de chavales que descubren el escondite secreto de Luis Abieira, miembro de una familia de indianos afín a la República.