os cada vez más abundantes dislates entre el Concello y la Xunta dan a entender que la administración se convierte, en más ocasiones de las que sería conveniente, en un mal espejo para el ciudadano. Que al final, además, es el que las paga.
Casos los hay, y muy abundantes. Podemos hablar, por ejemplo, de que el Gobierno gallego está dispuesto a inaugurar a toda costa el auditorio de Caranza aunque no tenga equipamiento, algo a lo que el Ayuntamiento se negaría. La pregunta es obvia. ¿Para qué abrir algo que no se va a poder utilizar? La respuesta también: para hacerse la foto.
Esa falta de entendimiento, que será más acusada a medida que se acerquen las municipales, ha propiciado también que el último corte de tráfico en la carretera de Castilla no tenga una fecha definida. Otra vez la Xunta y otra vez el Concello se pasan la pelota de la responsabilidad mutuamente, mientras el conductor espera, presa del pánico, sin saber cuándo llegará el caos. Para la memoria, los colores de las casas de Recimil -qué gran dilema-, o el mobiliario del centro. Otro par de perlas.
La sensación que queda, en definitiva, es la de que se nos va a olvidar que políticos y administración están para resolver problemas a la gente de la calle. No para darles más de los que tienen.
Si la incapacidad llega hasta tales extremos, igual era mejor vaciar determinados despachos. Al menos que no estorben más. Y que contribuyan al ahorro público. Desde casa.
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