Prestidigitación

La Voz

FERROL

ace ya bastantes años, unos ferrolanos que intentaban armar una candidatura a las municipales resolvieron dirigirse a una de las cabezas más brillantes que dio esta ciudad y que por fortuna aún vive para orgullo de quienes le conocemos. Como este eminente profesional esquivase cortésmente la invitación, con la humilde discreción que preside sus actos («Gracias, pero carezco de las cualidades mínimas para el cargo», vino a decirles), los pugnaces ciudadanos porfiaron en su misión refutando la excusa con el argumento siguiente: «Sí, hombre, cómo no vas a valer; si para eso sirve cualquier mierda».

Probablemente por esa misma época, Pepe Lorente debía de andar ya por Oriente Medio pasmando con su magia a jeques y petroleros. Pero antes, el artífice de Lorc&Julit gastó miles de horas haciendo bailar monedas y bolas entre sus manos, como atestiguan sus amigos de niñez: miles y miles de horas ejercitando la rapidez de sus dedos, que en eso consiste la prestidigitación. Para que no se vea el truco. Sabemos que está ahí, pero solo los ilusionistas mediocres lo muestran.

Debe de ser cosa del subconsciente que me confunde y me traiciona: estos recuerdos me velan la lectura del peregrinaje mendicante del presidente de la Cámara de Comercio de Ferrol que iba a resolver todo de un plumazo y a convertir lo que le parecía una feria choricera (¿o de los chorizos, que no me acuerdo?) en un gran acontecimiento internacional. Será, tal vez, porque el truco quedó al descubierto. Será.

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