A falta de que cuajen de forma definitiva, las muestras del interés que despierta ya el puerto exterior de Ferrol para el movimiento de contenedores comienzan a ser más que evidentes. Y la materialización de un proyecto de estas características supondría una revolución en el negocio marítimo local.
Los motivos son variados. El primero es que con los contenedores se conseguiría un doble objetivo. Por un lado, diversificar los tráficos marítimos de una Autoridad Portuaria que depende en exceso de los graneles sólidos. De los problemas de esta situación da buena cuenta el varapalo que han sufrido en el 2010 los tráficos al descender las descargas del carbón de Endesa y paralizarse el mercado del clínquer, la materia prima para la elaboración de cemento.
Además, los contenedores se enmarcan en el capítulo de la mercancía general, que es la que genera una mayor añadido, plusvalías y empleo en su entorno. Este nicho de mercado, por la manipulación de los contenedores y las tareas que implica su movimiento, requiere, habitualmente, una cantidad importante de mano de obra para que se ejecute de forma rápida y eficaz.
Por otra parte, asentar en Ferrol una terminal internacional de contenedores supone dar un salto cualitativo. La ciudad entraría en el mapa mundi de este competitivo mercado y, por las condiciones que presenta Caneliñas, la rada tiene potencialidad para crecer en él.