La protección del patrimonio histórico artístico es consustancial al respeto a nuestra identidad, a nuestro pasado, al largo camino y al trabajo de aquellos que nos precedieron y que han hecho de nuestras ciudades lo que son hoy en día. Ferrol dispone de un rico patrimonio histórico y arquitectónico. Esto hace que nuestra urbe sea diferente, original e inconfundible. Los retos de la ciudad del futuro pasan por entender que la materia prima de que disponemos está ahí, en casos desconchada, en otros ruinosa y, a veces, sumergida entre la vegetación. Sin embargo permanece, no ha desaparecido y solo es cuestión de tiempo verla renacer y recuperarse desempolvándose esa decadencia simplemente con la actuación controlada de la rehabilitación. Ya son numerosos los ejemplos de imponentes edificios públicos y privados que han recuperado su prestancia, su mejor cara, en las calles María, Dolores, Amboage o Galiano. Desde mi punto de vista, recuperar la centralidad del casco histórico mediante la creación de servicios públicos en edificios nobles, ganar población en Magdalena y Ferrol Vello o conseguir que este último barrio sea declarado Bien de Interés Cultural son, además de objetivos ideológicos irrenunciables desde el punto de vista social, vectores económicos clave, habitualmente olvidados por una ciudad a la que le cuesta imaginarse su futuro más allá de lo industrial.
Las rehabilitaciones de Ateneo, Hospicio, plaza do Carbón, Amboage o la oportunidad de trabajar en Praza Vella recuperando la casa de Carvalho Calero, son ejemplos de ocasiones ganadas al tiempo para ir poco a poco creando el Ferrol que legaremos a nuestros nietos. Todo esto es consecuencia de un trabajo callado y riguroso de muchos profesionales que estudian, diseñan y revisan proyectos e ideas para alcanzar un resultado adecuado y por ello también es necesario que Xunta y Concello trabajen, como hasta ahora, de la mano; compartiendo las responsabilidades y al margen de lo que los focos de la farándula mediática o de lo que el circo político pueda trasladar a la opinión pública. El trabajo riguroso es crucial y no seríamos responsables si permitiésemos que chascarrillos y demagogia nos impidiesen continuar en esta línea y seguir haciendo aquello que la ciudad lleva tanto tiempo esperando.