Caranza sería el cuarto municipio de la zona pese a la caída poblacional

El envejecimiento del vecindario y el abandono de las viviendas son los principales problemas


ferrol/la voz.

El barrio de Caranza, con sus 11.874 habitantes, es no solo el más populoso del municipio ferrolano, sino que, si fuese un concello independiente, sería el cuarto en población de las comarcas de Ferrolterra, Eume y Ortegal. Solo superado por Ferrol, Narón y Fene, y a la altura de municipios como Ordes.

Sin embargo, Caranza no ha sido ajena a la pérdida poblacional que acusa el municipio, por debajo ya de los 75.000 habitantes. En su momento, recuerdan desde la única asociación vecinal del barrio, los residentes llegaron a sumar los 25.000.

Esta barriada ferrolana tiene cerca de cuarenta años de vida. El Gobierno central comenzó a levantar el polígono de Caranza en 1962, aunque la ocupación de los primeros edificios no se produjo hasta la década de los setenta. Y las infraestructuras básicas no quedaron listas hasta 1983.

Caranza tuvo que satisfacer la demanda de varios grupos diferentes de familias con necesidades urgentes, entre ellos, los desalojados del viejo barrio de Esteiro, demolido poco después; los expropiados de la construcción del polígono de A Gándara o los obreros industriales que habían solicitado viviendas a través de los sindicatos verticales.

Más de cinco mil hogares fueron levantados en la zona. De ellos, 3.500 correspondían a la promoción pública, primero del Ministerio de Vivienda y, posteriormente, del Instituto Galego de Vivenda e Solo. Otros 800, del Invifas. Las cooperativas privadas tuvieron también un papel destacado en el barrio pues la del Virgen del Carmen (los trabajadores de Bazán) construyó seiscientos pisos. Junto a las conocidas como Casas de Bazán conformaron una pequeña ciudad.

Sin embargo, denuncian los vecinos, muchos de esos hogares se han quedado vacíos y el mal estado provocado por el paso de los años impide que, en el caso de los pisos de promoción pública, sean de nuevo adjudicados.

Así, el resultado es una población envejecida con una media de edad que se acerca a los cincuenta años y una fuga de población joven, no hacia otros puntos de Ferrol, pero sí hacia municipios próximos como Narón, Fene o Neda.

Transformación

A lo largo de estos cuarenta años, Caranza también ha conseguido poner fin a unos problemas sociales que afearon la imagen del barrio hasta la década de los ochenta. El fuerte tejido asociativo de la zona fue la principal promotora de esta transformación.

Se han sumado infraestructuras importantes en los últimos años para cubrir las necesidades de la población carancesa como una guardería, un centro cívico, el paseo marítimo, colegios o polideportivos. Aunque el futuro de la zona pasa, entienden sus vecinos, por contar con servicios que atraigan a la gente de Ferrol y otros concellos hacia el barrio.

Así, esperan que la puesta en marcha del auditorio de Caranza con 900 plazas o el acondicionamiento del puerto deportivo con 134 puntos de amarre se conviertan a corto plazo en el principal revulsivo del barrio ferrolano, pudiendo recuperar parte de la población que un día tuvo.

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