Meses antes de que el PSOE accediese al gobierno de la ciudad los ferrolanos y las ferrolanas cuestionaban más que nunca el mobiliario urbano de la plaza de España que proyectaba el gobierno PP-IF. Aquella plaza coronada por un edificio de 21 metros de alto jalonada por unos cuantos bancos sin respaldo y fuente inagotable de óxido y suciedad para los pocos viandantes que decidían hacer un alto en el lugar. En ese momento no había debate posible. La oposición ciudadana era unánime en Ferrol y palpable. Antes en el suelo que sentarse en uno de aquellos bancos. Tres años después la imagen es bien distinta. Nadie puede negar ya que los ferrolanos han recuperado para sí la plaza. La han hecho suya y, sin duda, la han convertido en su salita de estar. En menos de un año la zona de juegos infantil se ha quedado corta, los bancos y aparcabicis escasos e, incluso, en citas como las Fiestas de Verano o el Mundial de Fútbol, el espacio se ha hecho pequeño. Nunca llueve a gusto de todos y es cierto que puede gustar más o menos pero, a diferencia de lo que ocurría hace unos años, cumplen su función. Dan uso a los ciudadanos.
Pero la plaza de España no solo se ha convertido en nuestra sala de estar, sino que poco a poco se configura como la mejor puerta de entrada al barrio de A Magdalena. Al corazón de nuestra ciudad hemos querido extender ese modelo de mobiliario urbano que tan buena acogida ha tenido en nuestra recuperada plaza. Las opiniones vuelven a ser dispares, pero no así su uso. Cualquiera que pise a diario el adoquín de A Magdalena sabe que en los bancos la ciudadanía se sienta, charla, descansa... que contribuyen a ese objetivo irrenunciable del gobierno socialista de recuperar el espacio público para los vecinos y vecinas. Al igual que en la plaza de España, y a diferencia de hace tres años, hoy sí puede haber debate en torno al mobiliario urbano de A Magdalena. Y los ciudadanos pueden expresar su opinión porque, simplemente, ahora sí tenemos bancos, papeleras, maceteros y aparcabicis. Sus principales detractores políticos no colocaron ni un solo asiento en los últimos cuatro años. Ni uno. Aún así ahora les falta tiempo para criticar sin reparo el que se instala.
Cuando uno pasea por Bragança, Evora o Santiago, todas las ciudades antiguas... imponentes, orgullosas de su patrimonio, se comprueba hasta qué punto las sinergias entre lo antiguo y lo moderno configuran espacios únicos, magníficos. Plazas, alamedas y paseos en los que las personas conviven con su identidad, con su pasado y con su futuro. ¿Por qué no aquí? Con toda humildad este es nuestro deseo pero... como siempre, la última palabra la tienen los ferrolanos y las ferrolanas.