Habla un vecino que guarda el anonimato para evitar represalias. «Esto de momento está exactamente igual que antes. Nos tienen atemorizados». Se refiere a que no ha constatado los efectos de los refuerzos policiales prometidos por el Concello y al colectivo de personas de etnia gitana que se ha instalado en el barrio, muchos de ellos, a través de la patada en la puerta, y en los últimos tiempos, llegados desde el asentamiento coruñés de Penamoa. «Son gente muy conflictiva», asegura. «Se llaman unos a otros y como aquí no pasa nada, se quedan. Son los amos del barrio». añade.
La clausura de algunas viviendas vacías ha sido, a su juicio, contraproducente. «Antes solo se ponía una puerta metálica y era como una alerta que les dice que están vacías. Todas las casas que están tapiadas están ocupadas», asegura.
Explica que la zona más conflictiva se encuentra en las calles Betanzos, As Pontes y Cedeira. «Esto es un gueto», dice. En esta última vía, grupos de más de una treintena de jóvenes se apostan en uno de los túneles, llevándose hasta allí bancos del mobiliario urbano, y que organizan peleas de perros. Además, pide la intervención de los asistentes sociales municipales ante los ataques de niños que, aseguran, «tiran piedras a las casas y no respetan a nadie».