El otro día, en la Universidad hablaron de la Oficina de Cooperación y Voluntariado, donde los estudiantes pueden participar e implicarse en distintas actividades solidarias. Surgió hace años, según contaban, porque una alumna en silla de ruedas se quedó aparcada al acabar la clase hasta que la señora de la limpieza la encontró y le ayudó a salir del aula.
La accesibilidad es el conjunto de características del urbanismo, la edificación, los medios de comunicación, el transporte, o de cualquier servicio que nos permite una utilización con la máxima autonomía personal.
En casi todas las áreas, y en especial la edificación y el urbanismo, la normativa es clara sobre cómo actuar en obras de nueva construcción, o en reformas donde las características físicas existentes impiden estándares tan amplios y se realizan obras con menores exigencias.
La necesidad de construir accesible debe de estar en la cabeza de todos, y en especial en los responsables de la administración, en los técnicos y en los operarios que ejecutan las obras.
En los edificios y locales de uso público en general, y en el urbanismo, es impepinable que todos tengamos garantizada la movilidad y muchas veces, por desconocimiento o dejadez, se producen situaciones absurdas en nuestro entorno, como ejemplos, un bolardo, una papelera o una farola en medio de un vado accesible en el paso de peatones, una acera de reciente construcción excesivamente estrecha, una rampa con mucha pendiente, etc.
Deberíamos todos sentarnos un día en una silla de ruedas e intentar realizar un recorrido cotidiano para darnos cuenta de los impedimentos que nos encontramos y que serían de fácil solución.
Esto nos haría comprender que cualquier día podemos encontrarnos en esa situación u otra similar y nos gustaría tener la autonomía suficiente para poder valernos por nosotros mismos o con la mínima ayuda posible.