El 31 de diciembre del 2007 la mina de carbón que la compañía Endesa explotaba en As Pontes echó el cierre. Las betas del yacimiento de lignito pardo ya no eran lo suficientemente rentables como para continuar con la extracción del mineral. Desde entonces y hasta ahora, el agua rellena las inmensas heridas que las excavadoras habían dejado en el terreno para convertir, de esta forma, la zona en uno de los lagos artificiales más grandes de Europa. Hoy, debajo de la superficie, quedan enterrados el pasado próspero de todo un pueblo y los sueños de muchos trabajadores.
De quedar sepultadas por el avance de la lámina de agua se libraron dos de aquellas enormes máquinas. Emigraron a Polonia para encontrar trabajo en el yacimiento de Konin, a 200 kilómetros de Varsovia, la capital del país. Entra agosto del 2008 y julio del 2009, 25 trabajadores de la empresa local Massa y cinco técnicos polacos desmontaron los artefactos para trasladarlos por carretera hacia su nuevo destino. Una de ellas, de 118 metros de largo, 38 de alto y 26 de ancho; y con capacidad para obtener 3.400 metros cúbicos de material a la hora, ha comenzado a operar durante esta semana. A la ceremonia de su puesta en funcionamiento acudió el director territorial de Endesa en el Noroeste, Francisco Aréchaga, que actuó como padrino y protagonizó el ritual de estrellar una botella de champán en la máquina. Además, en recuerdo a su procedencia española, la empresa polaca que la utilizará a partir de ahora dio nombres españoles a las dos excavadoras: la que ya está en uso se llama Carmen, la otra es Dolores.