Los once niños saharauis acogidos estos meses por familias ferrolanas regresan a su país y los campamentos urbanos ponen fin a la temporada con una jornada temática
31 ago 2010 . Actualizado a las 12:22 h.Hace aproximadamente dos meses, once niños procedentes del Sáhara llegaban a Ferrol con el programa Vacacións en Paz. Ahora les toca hacer de nuevo las maletas para regresar a su país. Empaquetar las pertenencias es tarea ardua, pero seguro que buscarán un hueco para acomodar los recuerdos de las vivencias experimentadas y viajar así arropados por los sonidos, los colores y los olores que les devuelvan.
Y es también más que probable que la música, las luces destellantes de las atracciones de feria y el aroma a algodón de azúcar se cuelen en la mayoría de las recreaciones, pues todos señalan las fiestas estivales como lo mejor de su estancia. Para que puedan rememorar otro grato momento, el Concello quiso despedirse de ellos ayer. Durante el acto, en el que también estuvieron representantes de la asociación Solidariedade Galega co Pobo Saharaui, se les obsequió con unas mochilas llenas de material escolar.
El alcalde, Vicente Irisarri, agradeció a los pequeños su visita y le envió un abrazo a Nafi, que no pudo asistir al encuentro debido a que se lastimó mientras jugaba en un tobogán. Por su parte, la concejala de Solidariedade, María López, destacó el esfuerzo llevado a cabo por las familias de acogida, que es «económico, pero también de relación y convivencia».
Coincide con ella Gema Vilariño, que participa por sexta vez en el programa. Gema explica que el período de adaptación se hace difícil porque los niños no están acostumbrados a seguir normas. Muchos también creen que se les va a comprar todo lo que deseen. Por todo ello, Marta Morón, otra de las madres de acogida, asegura que al prinicipio se produce un «pequeño caos», sobre todo si se tienen hijos de su edad.
Sin embargo, las familias reconocen que, después de esta etapa inicial, la experiencia resulta satisfactoria y se establece con los pequeños una relación de cariño que dura para siempre, pues suele mantenerse el contacto. Así, Juan Vigo, marido de Gema, no puede evitar emocionarse cuando cuenta que hace poco visitó en Guadalajara a un niño que estuvo con ellos otro verano. Por suerte, y aunque ocupe un poco más de espacio que un simple «adiós», cada maleta portará un prometedor «hasta pronto».
Fiesta pirata
En los campamentos urbanos (CUFO) también están de despedida. Ayer fue la despedida de las actividades con una fiesta para celebrar el fin del verano, aunque hoy será el último día. Los niños se disfrazaron de piratas y salieron al Cantón para participar en una búsqueda del tesoro. Ninguno quiere dejar el campamento, pero también tienen ganas de ver a los amigos del colegio. Según el Concello, los CUFO han acogido una media de 45 niños por día, la capacidad máxima de las instalaciones.