Ferrol es suave (II)

FERROL

Fue el 24 de junio cuando desde estas líneas se decía que Ferrol es suave. Y que el concierto de los de Ourense iba a devolver a la ciudad una muy justa dosis de rock. Pasó el día y pasó la romería. Y toca analizar la jugada.

Pues sucedió lo que tenía que suceder. Nada más. Y nada menos. A los agoreros que llevan vaticinando desde hace años que no arrancan, que están acabados o que ya no sirven les respondieron Yosi, Charly, Alberto, Fernando y Tino con un recital contundente. Sin filigranas. Música, música y más música. Y en la plaza de España se cantó, se bailó, se coreó... El respetable, un poco frío hasta la mitad de la actuación, comenzó a volcarse a partir de ahí.

El Malas noticias fue el primer gran golpe de efecto. De subir la temperatura hasta el extremo se encargaron, sobre todo, El afilador y una sentida interpretación de un Pardao con el que casi nadie contaba y que todo el mundo agradeció. Antes, cuando sonó la Lola, ya la cosa se vino arriba. Todo eso aliñado por un Yosi que no paró hasta conseguir caldear a la gente; un bajo y una batería serios y con oficio; y dos guitarristas de mucho nivel que, sin postureos baratos de niñatos, arrancan un sonido impecable.

¿El de la melena blanca se olvidó de alguna que otra estrofa en un par de temas? Sí. No hay que negarlo. No es nuevo. Tampoco lo es que puede volver a coger el hilo muy rápido porque se lo da inmediatamente la gente. Porque la gente canta sus canciones. De arriba a abajo. ¿Cuántos artistas pueden decir lo mismo? No demasiados.

En definitiva. Los que fueron al concierto comprobaron lo que hay. Que cada uno saque sus conclusiones. Para el que suscribe, es un lujo -cada vez más- disfrutar del irrepetible directo de los del gato. Y una alegría que volviesen al fin a la ciudad. Se les echaba de menos. Porque Ferrol es suave. Lo fue hace años. Y lo continúa siendo ahora. Es ciudad de rock, con cantera como Oddy Lane o My Self. Entre otros. Miau. Miau.