De fútbol y plazas

FERROL

01 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Fue al encarar Villa con rabia la portería lusa y apuñalar el gol que colocaba a España en cuartos del Mundial cuando el país estalló en un grito. Fue en ese mismo momento, también, cuando aquí, en la plaza de España, por unos minutos se olvidaron muchas penas y problemas y esa extraña -lo reconozco- alegría que provoca el fútbol se contagió entre miles de personas que se notaban conectadas entre sí y también con el resto del mundo. Es lo que tiene el balón. Y una pantalla gigante.

Y fue también en ese mismo momento cuando se notó al fin, y mucho, que lo que ha sido una penuria de recinto en los últimos ocho años ahora tiene otro aire. Aunque todavía no está acabado al completo, y es previsible que tardará, ya no es ese extraño agujero que parecía devastado o que esperaba a que se posara en él algún tipo de gran nave nodriza.

El martes por la tarde se charlaba en la plaza de España. Se conversaba. La gente se reía y disfrutaba mientras comentaban que Cristiano Ronaldo estaba flojo, que en la primera parte estuvo muy cruda, que sobra centro del campo y falta verticalidad... Pero todo eso se mezclaba con constantes saludos entre la gente. «¿Y tú aquí?» «¿Cuánto tiempo?». «¿A qué andas?». ¿Cómo va la familia?». «Oye, hay que quedar otro día». Todo eso aliñado con constantes miradas al balón, saludos de mano a amigos, mucho colorido...

¿A qué viene esto? A que el mobiliario urbano gustará más o menos. El proyecto, también. Pero Ferrol ha recuperado la plaza de España y ahora ya no es para los coches. Es para la gente. Para que la usen y la disfruten en la medida de lo que ofrecen sus posibilidades. Ahora solo falta que se convierta de forma definitiva en ese pasillo de entrada peatonal a un casco histórico dinámico y muy vivo. Y ya sería de traca. ¿Podría ser eso posible? Con ganas, trabajo y mucha menos demagogia, tan factible como tumbar a Paraguay en cuartos. ¿O no?