Es el superdelegado, el mandamás de la Xunta en la provincia, que reconoce que resulta frustrante no poder resolver todos los problemas con los que se topa
16 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Diego Calvo Pouso (San Sadurniño, 1975) aparcó hace años su profesión de economista para dedicarse en cuerpo y alma a la política autonómica y a su partido, el PP. Fue diputado autonómico y hace un año justo fue nombrado delegado territorial de la Xunta en la provincia.
-¿Cuál es el balance?
-Es muy satisfactorio, tanto a nivel personal como profesional. Es un reto que Feijoo pensara en mí para dar este giro en la administración, me alegro mucho de haber podido estar ahí. En lo profesional la verdad es que suponía un cambio radical para la administración pasar de trece a un único delegado para toda la provincia. Cuando había un problema gordo en el que estaban involucradas varias consellerías se producían dificultades de engranaje, y ahora pues se funciona mucho mejor.
-¿No es demasiado asumir el trabajo que antes realizaban trece delegados provinciales?
-Esa es la segunda parte. Hay mucho trabajo y a veces no te llegan las horas. Otra de las sensaciones después de un año es que el tiempo te pasa demasiado rápido. Tenemos tantas cosas encima de la mesa y tantas por hacer... Pero no es verdad que los delegados estemos solos. Lo que hemos hecho es transformar los antiguos secretarios provinciales en jefes territoriales y por tanto tenemos un equipo de once personas en la provincia que son las que llevan el peso de la organización interna, las que hacen funcionar administrativamente esta maquinaria. Sin ese equipo, la figura del delegado estaría sobrepasada y sería imposible.
-Su vida habrá cambiado mucho en este año.
-Mucho, totalmente. Ya solo conozco esta. En la etapa anterior ya combinaba la función de diputado en el Parlamento gallego con la de secretario general del partido y, por tanto, ya recorría la provincia con bastante asiduidad. Pero desde luego llevaba una vida más tranquila. Ahora consiste en salir de casa, en Ferrol, muy temprano por las mañanas y volver de A Coruña muy de noche. Te vas a las ocho menos algo de la mañana y vuelves a veces a las diez, a veces a las once y a veces a la una de la mañana. Y después viene el fin de semana y los actos a los que te piden que vayas los alcaldes y las asociaciones de vecinos... Tienes que corresponder en la medida de lo posible y muchas veces el sábado y el domingo son días más de la semana. Pero es imposible acudir a todos los actos de representación de la provincia y, además, no hace falta. Antes, a veces, iba a algún acto y había una cola de coches oficiales que era increíble; ahora no vamos a todos. Pero al principio me decía: '¿Cómo me voy a organizar para asistir a todo esto?' Una vez que te asientas, empiezas a elegir e intentas quitar alguna hora a algún día para hacer un hueco para aquello que llaman conciliación, aunque muy poquito, muy poquito.
-Y sentirá el peso de la responsabilidad.
-Decides muchísimas más cosas y pasan por ti temas importantes que no son para tomárselos a broma.
-¿Se ha llevado alguna sorpresa?
-Lo que más me ha sorprendido es que la administración es una máquina muy grande, muy grande, muy grande, que se mueve muy lenta, muy lenta, muy lenta, pero se mueve. Y a veces intentas trasladar otros criterios de la empresa privada a la administración y les cuesta asimilarlos. Eso es quizá el choque más fuerte, lo que más costó.
-¿Cuál es el tema que más le ha impactado?
-No sabría decirte. Me quedo con esos casos en los que se ha podido hacer algo y se ha solucionado y por tanto la gente se fue satisfecha y vienen después a darte las gracias. Eso es lo que te llena. La parte negativa son aquellas cosas que vienen de hace muchísimos años, que cuando te las plantean dices que no puede ser y que vamos a solucionarlo, y cuando te metes en el expediente no ves cómo lo vas a resolver.
-Su trabajo tendrá también su parte frustrante.
-Sí, la gente piensa que tienes un poder inmenso, que puedes solucionar casi cualquier cosa y no es verdad, no funciona así. Lo más frustrante es cuando alguien viene con un problema al que no le ves solución. O cuando ves una necesidad y a lo mejor no se puede resolver a corto plazo. No todo se puede hacer al mismo tiempo y menos ahora. Te toca ese papel de priorizar y decidir qué se hace primero. Solo espero acertar más veces de las que me equivoco.
-¿Qué tal las relaciones con el Concello ferrolano?
-Bien, cordiales. Todos los temas que hemos hablado con el alcalde se han ido solucionando.
-Ningún problema entonces con el gobierno local socialista.
-Ferrol no es un municipio con el que haya problemas. Hay otros ayuntamientos con los que el entendimiento es más problemático.