Con el fuego como único enemigo

Antón Bruquetas FERROL/LA VOZ.

FERROL

Manuel comenzó a trabajar en el Arsenal como bombero hace 31 años, su hijo pequeño, Javier, siguió sus pasos en la profesión hace casi cinco

10 may 2010 . Actualizado a las 13:10 h.

Hace 31 años Manuel Gutiérrez se quedó sin trabajo y decidió presentarse a unas plazas de bombero en el Arsenal. Desde entonces, esa es su profesión. Un trabajo que, aunque pueda parecer cómodo, a lo largo del tiempo, implica muchos riesgos, «sobre todo, cuando se producen incendios en los barcos». «En el interior de los buques, los espacios son pequeños y las cosas se complican, además, casi siempre, hay vidas en peligro», explica. Pese a esto, hace cinco años, no dudó en animar a su hijo pequeño, Javier, a que siguiese sus pasos. Por aquel entonces, «él todavía no estaba muy convencido y, poco a poco, lo fui empujando, tratando de que le gustase».

«Tenía 18 años y dudaba si ponerme a trabajar. Es complicado a esa edad», apunta el hijo, quien agrega: «Pero ahora no me arrepiento, ni lo más mínimo. De hecho, estoy muy contento de haber tomado esa decisión. Entré en una empresa que presta sus servicios para Navantia Ferrol y quiero seguir aquí». Por su parte, Manuel, cuyos familiares y amigos conocen por Guti (apodo que también heredó Javier), está «orgulloso de verlo convertido en un compañero de profesión». «Como padre es una sensación que considero lógica», confiesa.

Los dos comparten experiencias del trabajo cuando coinciden en la casa familiar del barrio de A Graña, en la que ambos residen. «Le intenté -indica Manuel- dar todos los consejos posibles, porque, aunque la gente piensa que los bomberos somos solo gente fuerte, no es ni mucho menos así. Aquí hay que estar muy despierto, darle muchas vueltas a la cabeza y reflexionar. Es lo que te puede salvar en una situación límite». «Siempre me ha ayudado y se lo agradezco. Él lleva muchos años en esto y todo lo que me pueda aportar es muy valioso», apunta Javier.

«A veces, también coincidimos en el trabajo, porque los bomberos del Arsenal nos tenemos que desplazar hasta el astillero de Navantia Ferrol, la antigua Bazán, donde están los barcos de la Armada, y allí, de vez en cuando, me encuentro con mi hijo», apunta Manuel, quien resalta: «Comentamos cosas del día, de cómo está transcurriendo la jornada y de los problemas que se presenta en esos momentos».

Una de las cosas más ingratas de su trabajo para Javier son los cambios de turno: «A veces estás por la mañana, otras de tarde y luego de noche, pero hay que habituarse. No queda más remedio». «En ese sentido, yo estoy bastante mejor. Tengo un turno de 24 horas, pero luego descanso cuatro días», apunta Manuel.

La pasión por el fútbol

Manuel Gutiérrez no solo le ha dejado a su hijo pequeño Javier el legado de la profesión de bombero. También le metió el gusanillo de la pasión por el fútbol, que todavía corre por sus venas. Vistió la camiseta de varios equipos de la comarca y ahora disfruta con los amigos.