Muchos, en sus aulas, le llamábamos irónicamente la cárcel. Pero con el tiempo, pasó a ser el mítico Masculino. Ángel Manso, en tres golpes fotográficos, recoge muchas de las esencias de todo un emblema educativo. Un lugar que -aunque hay gustos para todo- deja el aroma de los buenos recuerdos para los que nos sentamos en sus pupitres. El imponente edificio que se recoge en la imagen superior -construido en 1957- es una gran caja de enseñanzas. Pero también de memorias. Cada uno, claro, con las suyas. Pasillos en los que se convivía con Máiz, con Carbajales, con Moncho, con Queipo, con Fernanda, con Celia, con Jesús Castro... Solo algunos de los cientos de profesores que fueron, son y serán. Pero les habrán sonado a muchos y a muchas. La biblioteca, la cafetería, el mojo del bocata del Canario. Las excursiones a Las Vegas con el futbolín a cinco pesetas...
En la foto de al lado, otra estampa clásica. Muy de este buen tiempo. Cuando había un rato para juntarse y tratar de lo que importaba. A qué hora se quedaba. Cuándo. Cómo. Y, de paso, cambiar agobios. Exámenes, parciales, este me tiene cruzado... Bajo ese sol de tarde que solo pega en el Masculino en primavera.
Pero los buenos recuerdos también tienen mucho que ver con la imagen inferior. Porque, al final, al Masculino se iba a lo que se iba. Más que otra cosa, a estudiar. Y es justo agradecer aquellas nociones que, quizá, cuando se impartían no se valoraban tanto. Pasillo vacío. Banco desocupado y esos codos clavados en la mesa para no perder el hilo. Lo dicho. Mítico Masculino.