Adiós al clareo

FERROL

Ya habían llegado hacía mucho las lavadoras a nuestras casas, pero muchos de los que nacimos en los setenta conocimos los lavaderos, sabemos lo que es al menos una vez meter las manos en las aguas heladas del río y darle duro a la ropa con el jabón en pastilla, apilar las prendas en un cubo y llevarlas a casa de nuestros parientes de mayor edad que o bien se resistían a introducir en sus hogares aquellas máquinas modernas o bien preferían seguir quitando las manchas a mano. En muchas ocasiones venía después el clareo, la costumbre de echar la ropa blanca sobre el campo para que se secase a la luz del sol, hoy prácticamente agotada. Los lavaderos son construcciones que antiguamente demandaban los vecinos para mejorar la dotación de sus servicios en las parroquias, pero hoy son construcciones que languidecen abandonadas por el desuso y comidas por la humedad.