La actividad comercial en el centro de la ciudad se paralizó durante toda la jornada por la alerta roja
01 mar 2010 . Actualizado a las 12:58 h.A primeras horas de la mañana, los vecinos de Ferrol apuraban para hacer sus últimas compras antes de la llegada del ciclón Xynthia, que iba a golpear la comarca con rachas de viento por encima de los 160 kilómetros por hora. Sin embargo, las calles no tenían el trajín habitual de un fin de semana. La mayoría de la gente optó por cumplir las advertencias y permanecer atrincherados en su casa. El día amaneció apacible, con una calma casi tenebrosa que hacía presagiar la peor de las tempestades, pero nunca llegó.
Aún así, el cielo se fue cubriendo, poco a poco, hasta adquirir esa tonalidad gris plomiza que anuncia una tromba de agua. La lluvia empezó a tupir el asfalto. Aunque la descarga no fue repentina y violenta, sino que semejaba una tortura china, lenta, pero sin pausa. Hacia el mediodía empezaron a aparecer los primeros charcos. Nada especial en un día de invierno en Galicia. De hecho, hasta esa hora, los servicios de emergencia que estaban desplegados en todos los municipios no habían realizado ni una sola intervención. El devenir de la tarde no incrementaría el balance en demasía. Las hojas de los árboles continuaban sin moverse, rígidas como los postes de la luz.
A las 15.30 horas, el alcalde de Ferrol, Vicente Irisarri se desplazó hasta el centro de control de emergencias. Desde allí, pudo comprobar de primera mano la evolución de la borrasca y cómo estaba afectando a toda la comarca. En esos instantes, el término que definía a la perfección lo que estaba aconteciendo era la calma.
Las primeras informaciones que difundían las televisiones y las radios aseguraban que Xynthia había adelantado su entrada en Galicia y que en el sur de la comunidad el viento ya había superado los 100 kilómetros por hora. Las previsiones señalaban que alcanzaría la costa de la provincia de A Coruña durante el primer tramo de la tarde.
El barrio de A Magdalena parecía un desierto después de comer. Zonas que un sábado cualquiera, como era este, están repletas de paraguas y botas de agua, ayer permanecían olvidadas. En Narón, el panorama era más alentador. Sobre todo los jóvenes desafiaban a la alerta roja y se refugiaban en el centro comercial Dolce Vita Odeón. Tampoco Alcampo dejó de facturar durante todo el día.
Gana intensidad
Las primeras rachas de viento fuerte aparecieron alrededor de las siete de la tarde. La lluvia se había calmado. Solo brotaban chaparrones esporádicos. Pero los servicios de emergencia seguían parados, prácticamente sin trabajo. Todavía a la espera. Reforzando una fachada, asegurando unos contenedores. Nada importante. A las ocho llegó lo peor. Arreció el viento y en esos instantes, cuando todo el dispositivo desplegado estaba a punto de bajar la guardia, dio la impresión de que, esta vez sí, Xynthia llamaba a la puerta. Pero de nuevo fue una falsa alarma. No entró. Esquivó la comarca y se difuminó de la misma forma en la que nunca llegó, en un silencio casi absoluto.