La casa de acogida fue utilizada por 24 mujeres maltratadas en el 2009

FERROL

22 feb 2010 . Actualizado a las 13:19 h.

Es una casa anónima, sin dirección conocida y en un lugar no identificado del municipio. Salvaguarda así la privacidad e incluso la integridad de quienes la ocupan, mujeres víctimas de malos tratos que temporalmente, de tres a seis meses, recomponen en la casa de acogida ferrolana sus vidas. En esa vivienda se recuperan de las heridas psicológicas y sociales decenas de mujeres cada año. En el 2009 fueron exactamente 24 las inquilinas que hicieron uso de este servicio municipal. A su presencia se sumaron otros 23 pequeños habitantes, hijos de estas mujeres.

La casa de acogida ofrece simultáneamente capacidad para quince personas. A lo largo de este año no se ha llegado a agotar el límite de camas. Los meses con mayor demanda fueron mayo y diciembre, en los que se cubrieron casi tres cuartas partes de las camas. Sin embargo, el promedio anual de ocupación se quedó en el 53%. Actualmente, viven en ella cuatro mujeres y cuatro menores.

Ferrol fue uno de los concellos pioneros en contar con una casa de acogida. La estrenó hace casi un cuarto de siglo, en el año 1986. Desde 1988, ha ofrecido ayuda a exactamente 467 mujeres maltratadas. Pero es desde que existe la Casa da Muller cuando la posibilidad de utilizar este recurso se ha hecho más visible, así como todos los demás que ofrece el Centro de Información á Muller, que dirige Dolores Cervera.

Un promedio de 40 años

Explica que las derivaciones a la casa de acogida se realizan de distintas formas: a través de centros educativos, los servicios sociales de otras ciudades, hospitales y centros sanitarios, las fuerzas de seguridad y, cada vez más, a través del «boca a boca», amigas y conocidas del entorno de la mujer que le informan sobre su existencia. El servicio municipal se encarga de tramitar ayudas para las acogidas, fomentar el empleo e intentar conseguir una vivienda de alquiler de la Xunta para que emprendan una vida «lo más autónoma posible». Aunque no existe un perfil de las usuarias -«cada mujer hay que situarla en su contexto del maltrato»- el promedio de edad de las demandantes de acogida ronda los cuarenta años. «Ahora estoy empezando a ver mujeres más jóvenes, pero no porque haya más maltrato, sino porque hay más concienciación social y se conocen más los recursos», señaló.