Ferrol saca por fin del olvido a las mujeres que cambiaron el curso de la historia


Hay actos que hacen que se conmueva, incluso, quien no suele dejar aflorar sus sentimientos; quien no tiene por costumbre dejar que los demás perciban que se ha emocionado. Actos como el que ayer se celebró en la Casa da Muller: La presentación de Ferrol en feminino, Mulleres na historia da cidade . Un libro en el que la historia saca por fin del olvido a las que lo dieron todo sin pedir jamás nada a cambio. Mujeres como Manuela Valcarce Luaces, Mela a Carboeira (1920-2003), encarcelada por defender la libertad en voz bien alta tras los terribles sucesos de marzo del 72, que costaron la vida a dos trabajadores de Bazán. No sabía leer, cuando llegó al presidio. Fue allí donde, las demás presas políticas, comenzaron a enseñarle. O como la maestra Ángela Ruiz Robles (1895-1975), que entregó su vida a la causa de educar a los más humildes, a quienes carecían de todo y vivían en la mayor de las necesidades. También como la anarquista Amalia Fraguela (1884-1958), todo un símbolo de la lucha por los derechos de los perseguidos. Mujeres, también, como las miles de ciudadanas anónimas que desde que Ferrol nació como tal, ejercieron los más duros oficios: desde acarrear agua hasta sacar a hombros los capazos en los que se acarreaba la tierra de los desmontes que hicieron posible la construcción del Arsenal diseñado por los ingenieros de la Ilustración. Mujeres también, y hay que decirlo, como las que ayer abarrotaron la presentación del libro. Entre las que había desde quienes colaboran con Cáritas hasta quienes dedican todo su tiempo libre a lograr que en las parroquias rurales nadie se hunda en la soledad aunque ya se le hayan muerto todos los de su casa. Mujeres que organizan veladas de teatro en los barrios y mujeres que consiguen, con su entrega, que el movimiento ciudadano mantenga su bandera bien alta. Mujeres -y disculpen que repita tantas veces la palabra, bien pueden creer que es muy intencionado- que hacen, todas y cada una de ellas, a diario, que el mundo siga dando vueltas y en la vida haya esperanza. Muy emotivo fue ayer, también, como demuestran todas las lágrimas que se asomaron, el momento en el que la actriz María Veiga interpretó el papel de Antonia Alarcón, la viuda ajusticiada tras el levantamiento de 1810, cuya cabeza fue clavada en una pica ante la puerta del Arsenal, que lloraba por sus hijos camino del cadalso. En el acto de ayer, que presidió el alcalde junto a Beatriz Sestayo («¡Gracias, Beatriz, por todo o que fixeches...!», exclamó el regidor), la concejala de Benestar Social subrayó la importancia de ir más allá de los tópicos acuñados por la visión tradicional del pasado y de mirar, con la gratitud que merecen, quienes aun teniendo todo en contra supieron salvar los mayores obstáculos. Y las integrantes del equipo que hizo posible el libro (Carmen Pérez González, Noemí Rodríguez Hernández, Maribel Pérez Ardao, Carmen González Pita y Rosa Millán García) agradecieron la colaboración de todos. Muy largos fueron, una vez y otra, los aplausos.

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