El peatón somos todos, siempre. El peatón merece la máxima consideración y garantizarle sus derechos implica dar a los ciudadanos derechos universales, porque hoy en día, en las ciudades, el peatón es el eslabón más débil, y se ha visto arrinconado a un mísero metro pegado a las fachadas (incluso a veces también ocupado por el vehículo privado) y a jugarse la vida cuando cruza la calle ante un adversario con el que siempre tiene las de perder. Gran parte del espacio público de Ferrol se destina a las funciones asociadas a la movilidad del vehículo privado (68%), mientras que solo un 30% conduce de manera habitual. Esta descompensación resulta antidemocrática y poco favorable a los desplazamientos a pie y/o en bicicleta y a la calidad del espacio público en general.
Las supermanzanas pretenden democratizar el espacio público de las ciudades y devolver la ciudad al ciudadano, mediante delimitaciones de barrios en cuyo interior se prioriza al ciudadano y en su exterior al vehículo privado.
En su interior se nivelan calzada y acera para favorecer la accesibilidad y la ocupación por parte del peatón (ahora ya ciudadano de primer orden), se permite a bares y comercios la colocación de terrazas y exposición de mercancías en la calle, porque ya tienen sitio para ellos, los niños y ancianos circulan tranquilos y la gente recupera espacio y confort urbano para realizar las compras en el comercio de proximidad de modo apacible. El mobiliario urbano ocupa el espacio público y promueve la vida en la calle.
El acceso en vehículo privado se restringe a vecinos, carga y descarga, emergencias y servicios públicos. La ciudad como escenario y promotora de relaciones y mixticidad de usos renace, tal y como se ha contrastado en las ciudades en que se ha aplicado un proceso de humanización.
En las vías básicas que delimitan las supermanzanas circula el tráfico de paso (el que su único objetivo es ir de un punto al otro de la ciudad), la semaforización está regulada para optimizar la circulación y el transporte público es eficaz porque la congestión ha disminuido y la circulación se ha ordenado.
Y esto es lo que se pretende con este primer acercamiento al modelo de supermanzanas propuesto en el Plan de Movilidad y financiado en una primera y tímida fase por el Plan E. Es un largo y costoso camino que requiere consenso social, inversión pública y sentido democrático por parte de sus ciudadanos, pero las innumerables mejoras se obtienen a muy corto plazo y la ciudad vuelve a sus ciudadanos. La democracia llegó a España en el 77, dejemos que llegue ya a nuestro espacio público.