No son mil cámaras las que velan por su seguridad, como en la película, pero sí unas cuantas. Ferrol es una ciudad videovigilada, aunque menos que otras grandes poblaciones de Galicia. No se ha recurrido a la videovigilancia para controlar el centro como sí lo han hecho en distintos momentos las restantes ciudades de Galicia, a excepción de Pontevedra, pero un paseo por el centro revela que cualquier paseante puede quedar registrado en distintos archivos de seguridad.
El objetivo apunta a los clientes en entidades bancarias, cajeros automáticos, grandes centros comerciales y también otros establecimientos más pequeños. Los ciudadanos pueden quedar registrados cada vez que acuden a hacer gestiones ante instituciones y administraciones públicas. La pertinente advertencia legal de «zona videovigilada» es un aviso que el público, a pesar de sus llamativos colores, no siempre ve, pero que blinda de posibles denuncias.
Pero en determinados casos, la vigilancia se prolonga también al exterior de los edificios. El binomio seguridad-intimidad se dirime especialmente en Ferrol en su frontera entre el ámbito civil y el militar. Un breve recorrido de apenas dos kilómetros desde el puerto hasta la entrada de Caranza revela la existencia, a simple vista, de una docena de cámaras que pueden captar imágenes más allá del territorio que protegen.
Recintos de seguridad
Todas ellas están instaladas en el perímetro de instalaciones de especial seguridad: la entrada al puerto carbonero, la factoría de subsistencias de la Armada, la muralla del Arsenal Militar, el recinto de la escuela de especialidades Antonio de Escaño... Y a pesar de que todas ellas tienen en su campo de visión sus instalaciones, también pueden tomar imágenes de la vía pública.
A ese listado pueden añadirse los tres aparatos que flanquean la puerta de la comisaría Ferrol-Narón -dos apuntando a cada lado de la avenida de Vigo y otra en el frente, hacia una zona de aparcamiento reservada a la flota oficial-. Y las dos que flanquean las dos fachadas del edificio administrativo de la Xunta: hacia la plaza Camilo José Cela y la acera que da a la avenida de Esteiro. También la residencia de oficiales del Ejército de Tierra, en la calle Roi Xordo, protege su entrada principal con una cámara que apunta al frente.