«Nos sentimos olvidados en todos los aspectos»

R.?P.?P.

FERROL

La calle del Sol ya no es la de los vinos. Es la de las obras. Los efectos de los cortes que empezarán a sufrir mañana los vecinos de San Xoán los conocen bien habitantes y comerciantes de una vía cuya entrada se encuentra cortada desde hace una semana, pero acostumbrada desde hace años al ruido de máquinas, el levantamiento de adoquines y la reproducción de los baches. Una ruta con paradas por sus establecimientos deja un rastro de descontento e indignación, pero después de tantas intervenciones, también de resignación.

Roberto Martínez, responsable del bar Buenos Aires, en el número 67 de la calle, lo tiene claro: «Se perdió mucho a la hora del servicio de las comidas y también por las noches». Una circunstancia que atribuye, sin paliativos, a la «mala organización» de las obras. «En seis meses cortaron la calle cuatro veces», asegura. «Nos sentimos olvidados en todos los aspectos», resume. En el número 59 está otro local, el mesón que explota Marizelia Queiroz, una brasileña asentada en Ferrol desde hace ocho años que no logra entender «por qué arreglan una calle y por qué a los dos meses vuelve a haber obras en el mismo sitio. No sé cuántas veces han abierto esta», añade. En su establecimiento, los clientes que se dejan caer despotrican de la situación. «Es un verdadero trastorno para la gente que trabaja en el centro en labores comerciales y que dependemos del coche». Lo dice Maite Pérez, visitante asidua a este local que defiende que tener una vía de entrada cortada origina «retraso a la hora de encontrar aparcamiento y la consiguiente pérdida de tiempo de trabajo». «Esto pasa por no hacer las cosas bien desde el principio», analiza. Y añade: «Así es la forma de gastar dinero inútilmente».

Frente a la zona cero de las obras, cerca de la calle Lugo, Noé Teijeiro abrió su centro de entrenamiento personal hace tres años. Él alquiló una plaza de garaje enfrente, a la que ahora accede dando un rodeo por el Cantón hasta llegar al Callao y subir por la calle Lugo. Sus clientes, procedentes de distintos puntos de la comarca, no tienen la misma suerte y al encontrarse la vía cortada, han de dar vueltas. Resultado: «La gente llega tarde porque no encuentra aparcamiento». Y eso, en unas sesiones a medida como las que plantea este establecimiento, «causa trastornos generales y afecta a la afluencia». Por ello, Teijeiro reclama una solución definitiva: «Una vez de cortar el tráfico, sería mejor que quitasen totalmente el adoquín, porque el perjuicio es siempre para los vecinos».

Pero si hay un establecimiento especialmente perjudicado por las continuas obras en Sol, ese es el hotel Almirante. Y concretamente, su cafetería, con vistas a la actuación. El director, Ignacio Verdejo, no escatima ejemplos: «El otro día vino un discapacitado y hubo problemas para que pudiese entrar por la cafetería, donde está el acceso adaptado. Y ayer [por el lunes] un extranjero que venía a Navantia tardó cuarenta minutos en poder acceder al hotel y descargar la maleta». Desde que llegó al cargo, en junio del 2008, son las terceras obras que vive frente al hotel. Pidió al Concello la autorización para que los coches puedan entrar hasta la puerta. Sin resultados. ««No podemos estar potenciando Ferrol y no tener acceso ni señalización a los hoteles». Sobre las obras, concluye: «Estamos un poco desanimados con estos temas. Al final lo que queda es la resignación».