Un equipo de científicos de la Estación de Bioloxía Mariña de A Graña ha realizado un estudio preliminar sobre los animales marinos foráneos que han invadido la ría de Ferrol. Han detectado seis especies que cohabitan con las autóctonas en los fondos ferrolanos e, incluso, tienen indicios de que uno de esos animales llegó a este litoral a finales del siglo XVIII.
Los resultados de esta investigación elaborada por Victoriano Urgorri, Celia Besteiro, Juan Moreira y Guillermo Díaz-Agras, serán presentados la próxima semana en el Congreso Nacional sobre Especies Exóticas Invasoras, que se celebrará en Zaragoza.
La lista de animales venideros que se han asentado en Ferrol la integran cuatro moluscos, un crustáceo y una ascidia. La que se extendió primero fue la Chaetopleura angulata, un animal de apenas noventa milímetros de longitud originario de Brasil y Argentina. Los primeros estudios sitúan la presencia de esta especie en Galicia en las rías de Vigo y A Coruña a mediados del siglo XIX, sin embargo, los expertos de A Graña quieren demostrar, mediante próximas publicaciones científicas, que este molusco se extendió bastante tiempo antes, a finales del siglo XVIII, por la ría ferrolana.
Su presencia es ya tan abundante que pocos la señalan ya como una especie invasora. ¿Cómo llegó desde el otro lado del Atlántico?. Urgorri comenta que la condición de Ferrol como puerto militar desde el siglo XVIII explica que «esta especie hubiese sido transportada en el pasado adherida al casco de barcos españoles o portugueses que mantenían un intenso tráfico militar y comercial entre la Península Ibérica y Sudamérica».
Otras vías de entrada
Las aguas de lastre (los buques toman agua del entorno para llenar sus tanques y navegar con estabilidad para luego expulsarla en el puerto de destino), los cascos de los barcos y la acuicultura constituyen otras de las vías de introducción de las especies invasoras.
La ostra gigante (Crassostrea gigas) y la almeja japonesa (Ruditapes philippinarum) se extendieron por la ría ferrolana a través de su importación para el cultivo de la acuicultura. «Crecen más rápido que las autóctonas aunque la calidad es peor», comentó el biólogo de A Graña. De forma muy rápida se extendieron fuera de las áreas de cultivo.
Al final, una especie trae consigo otra, y eso ha provocado que, por ejemplo, la Crepidula fornicata, procedente de la costa oriental de Norteamérica, se haya asentado en Ferrol al venir asociada a la ostra.
Pegados a los cascos de los barcos (conocido como fouling) han llegado hasta esta costa otras dos especies, un crustáceo y una ascidia. El primero se expandió primero en Inglaterra a través de los buques australianos durante la segunda guerra mundial y luego llegó a la ría. La ascidia fue registrada por primera vez en esta costa en 1992.
Urgorri destaca que son animales con una alta resistencia «solo así se explica que puedan permanecer vivos después de viajar pegados a los cascos de los barcos», señala.
Sobre la incidencia que tienen sobre la fauna autóctona, el biólogo ferrolano asegura que en los primeros tiempos de expansión «crecen de forma muy abundante» ya que «son desconocidas por completo, incluso, para los depredadores».
Los resultados de su investigación los presentarán en el congreso de Zaragoza, a donde se desplazarán a partir del martes, e intercambiarán opiniones con otros científicos. Luego plasmarán su investigación en publicaciones científicas.