El corredor costero ha sido una obra politizada desde que solo era un esbozo. La prometieron los populares desde el sillón de Monte Pío para calmar los ánimos de miles de vecinos que veían como la Xunta desviaba hacia el interior el trazado para conectar Galicia con la franja cantábrica. Una vez más, la costa quedaba ahogada. Han pasado nueve años desde ese primer compromiso, tres cambios de Gobierno gallego (PP, PSOE-BNG y PP) y media docena de manifestaciones organizadas por según qué partido político en función del Gobierno gallego de turno. Cuando Fraga priorizó el trazado Ferrol-Vilalba, se produjeron las primeras reacciones. En el año 2000 unos tres mil vecinos salieron a la calle en Viveiro con una pancarta encabezada por el BNG. Al año siguiente, se repitió una protesta en Ortigueira, donde se achacó el descenso participativo al «miedo escénico» que se derivaba de la presión del PP en la localidad (donde gobiernan los populares desde hace varios mandatos). Se durmió la fiera hasta finales del 2007, cuando entran en la escena política gallega el PSOE y el BNG. Un grupo de alcaldes del Ortegal, con una elevada presencia de regidores populares -aunque a algunas de las primeras reuniones llegaron a acudir el nacionalista Secundino García y el socialista José Luis Vergara-, empezaron a movilizarse pues consideraban que el 2011, el plazo que les había dado Caride para el fin de la vía, era muy alejado en el tiempo. Los populares se manifestaron en O Vicedo, con el apoyo de Terra Galega. Ahora, el BNG convoca una marcha para el día 29. Algunos que antes exigían celeridad al bipartito, ahora guardan silencio. Y otros que apoyaban la promesa del 2011, aún sabiendo que era inviable, se quejan del aplazamiento. Una vez más, el vial sirve de arma arrojadiza.