La obra de Manuel Patinha se ha adueñado por completo del Torrente Ballester. Desde mediados del pasado mes de octubre, las salas del centro cultural ofrecen un amplio recorrido por la trayectoria de este artista de sangre portuguesa y corazón gallego, con piezas que van desde sus incipientes incursiones en el mundo de la escultura hasta otras de su etapa más reciente y madura.
Allí, entre los muros del centro cultural, hay piezas enormes y de pequeño formato. Abstractas y figurativas. En bronce y acero. Pero hay una parte de la obra de Manuel Patinha que no se puede ver en el Torrente Ballester. Porque ha preferido quedarse donde está. En lo alto de un pedestal. O haciendo más bonita la fachada de un edificio. Son obras con las que la mirada se puede topar a pie de calle, formando parte del paisaje urbano, de la vida de la ciudad.
En esta página, José Pardo nos muestra algunas de esas piezas. Y Patinha, el padre de las criaturas, nos explica el significado que tienen para él: «Para un escultor, llevar su obra a la calle siempre supone un reto, porque puede impresionar, pero también puede ser blanco de muchas críticas. Lo importante, en cualquier caso, es que la pieza tenga dignidad, esté donde esté». Dignidad y compromiso. Dos palabras claves en la obra de Manuel Patinha.