Algún dirigente del fútbol amenaza con dejarnos sin Liga. Quizás no lo podamos soportar y todos nos sumemos a la protesta para solidarizarnos con los futbolistas multimillonarios que ya no podrán cotizar a Hacienda como si fuesen mileuristas. Los que vengan, claro, porque los que ya están seguirán disfrutando de una modalidad fiscal que fue inventada con una finalidad bien distinta: atraer materia gris. El escandaloso fichaje, en plena crisis, de Cristiano Ronaldo por 90 millones de euros (15.000 millones de pesetas) nos abrió los ojos, y la necesidad de apoyos parlamentarios para aprobar los Presupuestos animó al Gobierno a poner coto a un agravio insultante.
Insultante para los futbolistas españoles que, a igual salario que sus compañeros extranjeros, pagan casi el doble en impuestos. Para quien gana dinero porque arriesga su patrimonio, pone esfuerzo, talento y crea empleo. Pero sobre todo es insultante para quienes están sin trabajo o han agotado la prestación por desempleo y para quienes con sueldos de 1.000 o 1.200 euros están obligados a hacer el mismo esfuerzo (proporcional) que los que ganan 1.000 o 1.200 millones de pesetas al año. No es la primera vez que Hacienda dispensa un trato de favor a los clubes de fútbol, y a lo mejor no es la última. Pero es que en esta ocasión no hay argumento -ni siquiera la irracional pasión que mueve el negocio- para justificar que quien debería cotizar a Hacienda el 43% de sus ingresos brutos aporte a la caja colectiva solo el 24%.
Los presidentes de los clubes de fútbol amenazan con decretar un insólito cierre patronal como protesta porque se pone fin a los privilegios de algunos de sus empleados. En el fondo no estaría mal. Pararlo todo y empezar de nuevo. Eso sí, después de que cada uno de los que se escudan en la presunta aportación de su actividad a la riqueza del país ponga sus cuentas en claro.