Un joven ruso aterriza en la villa ortegana casi por casualidad huyendo del ajetreo de Moscú y con la esperanza de poner en marcha una casa rural
29 oct 2009 . Actualizado a las 12:47 h.Su vida era la de un alto ejecutivo del mundo de la publicidad en una ciudad con cerca de quince millones de habitantes. Cansado de lidiar con las prisas, los medios de transporte e interminables horarios, Sergio Sozonov, de 38 años, decidió hace tres abandonar Moscú y empezar a vivir, como él mismo dice, en Ortigueira, un concello que descubrió por casualidad. Vino con la intención de montar una casa rural, pero una espesa burocracia y los azotes de la crisis económica han paralizado el proyecto.
Aterrizó en Madrid hace unos años acompañado de un amigo holandés con la intención de recorrer España. Querían comprobar si el país era tan seco como se manifestaba en Madrid o Valencia y pusieron rumbo al norte. Al llegar a A Coruña se enamoraron de la provincia y se animaron a montar una casa rural.
Fue entonces cuando empezó un tira y afloja con la Administración que acabó con el proyecto hotelero en un cajón. «Encontramos por Internet una inmobiliaria que tenía un trabajador holandés, eso nos facilitó mucho las cosas». Fue el empleado quien les propuso recorrer la comarca del Ortegal y visitar algunas casas en venta. «Me enamoré de este lugar y pensé que aquí debía hacer algo», explica este ruso nacido en Siberia. Encontraron casas en las parroquias de Mera, Devesos y Couzadoiro, pero «ninguna salió adelante».
Tras estos tres intentos, su amigo regresó a Holanda convencido de que era prácticamente imposible abrir un negocio en el rural del municipio.
Más facilidades
Cuando por un lado el Gobierno autonómico trata de atraer población joven a las zonas más despobladas de Galicia, en su caso han encontrado más dificultades que apoyos. En esta zona «hay muchas casas de piedra viejas y abandonadas y los trámites para poder rehabilitarlas es muy lento», comenta. «Creo que en época de crisis deberían poner más facilidades para abrir negocios en la zona rural. No con dinero, pero sí agilizando los trámites». La Administración «tiene que tener en cuenta que rehabilitar una casa es más costoso que levantar una nueva, y es una pena que estas viviendas se queden así, porque son preciosas». En Holanda, por ejemplo, «cada centímetro de tierra tiene un dueño. Todos los datos se pueden consultar en una base de datos y en una semana puedes llegar a firmar un contrato». Sin embargo, en Ortigueira luchó durante seis meses para llegar a un acuerdo con los propietarios de la parcela que finalmente adquirió, de dos hectáreas y media.
Hace año y medio decidió liquidar su empresa de publicidad de Moscú. La mayoría de sus clientes eran constructores y la crisis les azotó fuerte. Fue entonces cuando decidió instalarse definitivamente en Ortigueira para poner a andar el proyecto de su futuro hogar rehabilitando una vieja vivienda de al menos 160 años de antigüedad. A la espera de recibir el proyecto definitivo, Sergio se limita ahora a tratar de proteger la estructura de lluvias y temporales.
La casa rural tendrá que esperar a que pase la crisis para que este siberiano tenga ganas de volver a pelear con la Administración. Hasta entonces disfruta de «vivir». En Moscú «no lo haces, siempre vas corriendo con la esperanza de que después del último esfuerzo podrás disfrutar de la vida, pero lo cierto es que la gastas en esa carrera». Los vecinos de Ortigueira, en cambio, «viven a diario. Trabajan y cumplen con sus obligaciones, pero también viven».
Pero lo que más agradece es sentirse como uno más. No percibe que otros le miren como un extranjero, «aquí tengo muchos amigos». En Moscú, sus rasgos orientales ponían de manifiesto su procedencia, «algo que me hacía sentir miedo».