Viajeros sorprendidos con una urbe que no entraba en su ruta y comerciantes atareados fueron el resultado de la escala en Ferrol de un crucero que iba a Portugal
23 oct 2009 . Actualizado a las 12:38 h.No contaban con ver Ferrol, pero lo hicieron. Ayer al mediodía era fácil detectar en un rápido paseo por el centro que había llegado un crucero. La estampa de turistas algo despistados, cámara de fotos o de vídeo en ristre y con varios folletos turísticos en la mano bajando de los autobuses frente al Jofre -que los acercan desde el muelle- es cada vez más habitual.
La peculiaridad de los que ayer iban y venían por las calles de la Iglesia, Real o Magdalena era que llegaron por arte de lluvia. En otras palabras, el mal tiempo obligó al buque Black Watch a atracar en Ferrol en vez de hacerlo en Leixoes, su destino inicial.
Ese cambio de destino, no obstante, no parecía contrariarlos. Al revés. De ello daba fe, por ejemplo, Margorit Evans, una británica -como la práctica totalidad del pasaje- que acababa de pisar A Magdalena y se afanaba ya en la búsqueda de regalos en una tienda de la calle de la Iglesia. Todavía no había empezado a ver cosas -«acabo de bajarme del autobús», dijo- pero estaba dispuesta a comenzar «enseguida».
Los comerciantes de la zona, por su parte, estaban mucho más atareados de lo normal. Así lo atestiguaba, por ejemplo, Ángela Pita. Dependienta de un establecimiento de Cadena Cien señalaba a media mañana que por allí habían pasado ya «por lo menos cien turistas» y que había «mucho más trabajo que en una jornada normal». ¿Qué triunfaba? Como siempre, los regalos y «algún que otro paraguas». Nada fuera de lo común, pero se le daba vida al establecimiento. Rocío Piñeiro, de calzados Tojeiro, señalaba: «Miran mucho, aunque no todos compran». Los que pasaban por caja buscaban «zapatos grandes y los de fiesta para las cenas que tienen en el crucero». Zanjó: «Cuando viene un barco turístico se nota, a ver si llegan más».
Hasta taxis
La Autoridad Portuaria tuvo que mostrarse ágil para dar cobijo al Black Watch. Preparó su escala en menos de 24 horas. Y todo el operativo necesario para dar servicio a sus 800 viajeros y 400 tripulantes. Tras el atraque en Curuxeiras a las siete de la mañana, los turistas contaron con los citados autobuses que los traían y llevaban del muelle al centro y viceversa, caseta informativa a pie de barco e, incluso, taxis, a los que se les facilitó la entrada a la dársena. En la despedida hubo banda de gaitas. Ningún motivo para echar de menos Leixoes.