«Yo no abandero nada ni reivindico nunca nada»

FERROL

El coruñés Agustín Fernández Mallo cierra con Nocilla Lab (Alfaguara) su exitosa y vanguardista trilogía, que ha dado nombre a la Generación Nocilla. «Yo no abandero nada ni reivindico nunca nada», se empeña en aclarar, aunque reconoce que ese «invento» ha hecho visible a un grupo de escritores que hacen cosas diferentes.

-¿Cómo explicaría el proyecto «Nocilla»?

-Es una investigación literaria a través de diferentes tipos de lenguaje y técnicas para tratar de narrar el mundo contemporáneo, haciendo una lectura transversal de la sociedad, meter en la novela todo lo que te interesa a un mismo nivel, de forma horizontal, ya sea publicidad o alta cultura. En este tercer libro hay una disolución del narrador, que ya no sabe quién es, porque me gustaba acabarlo así.

-Su obra no deja indiferente, o le destrozan o le alaban.

-Me han alabado más que criticado, si no fuera así no estaríamos aquí. Creo que la gente quería algo diferente, estaba en el pulso del momento que alguien hiciera eso y me tocó a mí.

-Pero, como dice el protagonista del libro, la novedad absoluta sería monstruosa.

-Sí claro, pero mis libros no son ni mucho menos una novedad absoluta, beben de una tradición y de unas fuentes.

-Por ejemplo, dos autores como Bernhard y J.?G. Ballard.

-Ha dado dos claves muy importantes, aunque también están cierto Cortázar y cierto Borges. De Bernhard hay una gran influencia en ese retornelo, en su forma de escribir obsesiva que denota un comportamiento y una mente obsesivos que parece que no está diciendo nada porque todo el rato dice lo mismo, pero en esa repetición hay un arte entre comillas. Y Ballard está en la poética de los paisajes industriales desolados. También Juan Benet, pues todo el paisaje de mi novela bebe en aquellas desolaciones de Región.

-Y está la televisión

-Me gusta la televisión y, claro, la publicidad. La casa de la pradera me parece una grandísima serie, tan naíf, los programas del corazón son superinteresantes y las series, Perdidos, Dexter, House. Sí, veo mucha tele.

-Pero eso no está bien visto.

-Es un prejuicio extrañísimo, porque aún seguimos jugando a actuar como un escritor, pero a mí me parece ridículo a mi edad fingir ser algo que no soy. A mí no me da ninguna vergüenza, faltaría más.

-Usted dice que escribe por impulsos poéticos.

-Pero no a lo que salga en plan estoy aburrido y voy a escribir. Cuando no escribo veo la tele, hablo con usted, voy a comer y algo se va gestando que no sabes qué es y, de repente, un día tienes que escribirlo y te pones sin saber adónde vas, tienes una especie de horizonte muy vago, palpas que ahí hay una metáfora para exprimir, pero tampoco sabes definirla bien, es como, entre comillas, una visión.