Con 95 años puede presumir de ser un experimentado cazador. Su padre tuvo que responder por él hace 80 años, cuando quiso sacarse la licencia para acompañar a su progenitor y hermano por los montes de la comarca. Ahora un problema en las rodillas le ha limitado su afición, pero Mario Santalla Oriona sigue cazando, aunque lo hace sentado.
De los 392 socios de la Agrupación de Cazadores del Ortegal, este vecino de Cedeira es el de mayor edad. Cuando sale con sus compañeros lleva una silla y desde ella sigue haciendo lo que hace años le hizo merecedor de una medalla al mejor tirador de jabalíes. Recuerda un día que, desde su asiento, logró dar en una pata a un jabalí y su hijo lo remató. «Tiré desde bastante lejos y lo alcancé. No puedo estar de pie, pero mi tiro es como el de antes. Sigo muy bien de la vista y de los brazos», asegura orgulloso. «No fallo más que años atrás, sigo teniendo mucha práctica», dice.
Y es que sale a cazar de «tan buena gana» que para él es «como ir a una fiesta». Asegura que cuando empezó «no había jabalíes, los hubo tiempo atrás». Fue después de la Guerra Civil cuando aparecieron de nuevo. En la época de Mario Santalla era más rentable cazar que trabajar. Recuerda que su padre le animaba a hacerlo porque capturando una liebre «me sacaba entre diez y doce pesetas mientras que con un empleo podían ganar alrededor de dos en un día de trabajo».
Con tantos años de experiencia, Mario Santalla observa que hoy en día «hay muchos jabalíes. Los cazadores no estamos muy contentos con esta situación porque provocan muchos destrozos tanto a los terrenos como a los conductores, ocasionando varios accidentes de tráfico en las carreteras». Él mismo lo ha sufrido en la huerta que tiene en el rural, a la que los jabalíes «entran en busca de comida», asegura este vecino de Cedeira.
Y al igual que el secretario de la Agrupación de Cazadores del Ortegal, Antonio Bello, asegura que en estos tiempos poca gente joven se apunta a esta afición.