La costa ortegana, de honda tradición marinera, ha siso el escenario de trágicos naufragios desde que se inició el nuevo siglo, aunque algunos de ellos no se cobraron vidas humanas. El pesquero Nueva Codorniz se hundió en aguas cercanas a San Andrés de Teixido. Solo uno de los tres tripulantes sobrevivió, tras pasar cinco horas escalando las rocas de un acantilado. La pericia de uno de los marineros del Ibaizábal I le evitó morir en el mar, a 70 millas de cabo Ortegal, cuando remolcaban una lancha. Pero uno de sus compañeros no tuvo la misma suerte y pereció entre olas de cinco metros. Las aguas se tragaron al remolcador Facal Veinte cuando navegaba frente al Ortegal en su ruta entre Noruega y Cádiz. Sus nueve tripulantes fueron rescatados ilesos en una zódiac. El C andray , un buque arrastrero con base en Celeiro, se fue a pique, supuestamente a causa de una vía de agua frente a las costas de Cedeira. Sus ocho tripulantes fueron rescatados con vida. Un miembro de la dotación del barco Zamorano Primero , natural de Cariño, prendió fuego al barco, atacó a la tripulación y después se tiró al agua. El barco San Xoán , con base en Cedeira, se hunde a una milla de la costa, aunque sus cuatro marineros fueron rescatados ilesos. El pesquero Canconio se hundió a ocho millas al noroeste de Punta Candieira, frente a la costa de Cedeira. Sus dos tripulantes salvaron la vida. El mar se tragó de madrugada el volantero Santiago Apóstol , a unas diez millas del cabo Ortegal. Sus cuatro marineros fueron salvados. El armador del Hermanos Landrove fallece en el hundimiento del barco en Cariño.