De Galicia a Mongolia en coche por un fin solidario

Antía Díaz / Antía Urgorri redac.ferrol@lavoz.es

FERROL

¿Se acuerdan de aquellos cuatro chicos, dos de ellos de Fene, que a mediados de julio se subieron a dos Fiat Seicento y pusieron rumbo a Mongolia con un fin solidario? Pues sí, lo han conseguido. Edgar Vigo, Fátima Ameneiro, ambos de Maniños, Noé Parga y Chus Álvarez ya están de regreso a Galicia tras recorrer 15.000 kilómetros y atravesar catorce países, en el marco de la quinta edición del Mongol Rally. Este grupo de jóvenes tienen claro que la experiencia que han vivido les ha cambiado la vida. «Valoras todo, el agua, la luz, te das cuenta de que no tienen nada, pero lo poco que tienen te lo dan. Tenemos grabadas imágenes que nos quedarán para siempre», comenta Fátima. Los cuatro han tenido que hacer frente a un buen número de vicisitudes. «En Mongolia no hay asfalto de ningún tipo, es camino de piedra y tierra», señala. Edgar confiesa que para él lo más duro del viaje fueron los problemas gastrointestinales que sufrió durante varios días e, incluso, tuvo que ir al hospital en Rusia. Estos pilotos feneses confiesan que tuvieron que encontrarse con situaciones humanas complicadas como «ver a niños que viven en unas condiciones muy tristes». La ayuda humanitaria que llevaron a Mongolia, a base de medicamentos, material escolar y gafas de sol y graduadas, fue el motor que los animó a llegar hasta la meta. «Les sacabas una sonrisa y eso era lo que engrandecía el proyecto», destaca Edgar.

Los jóvenes gallegos se las tuvieron que ingeniar para sortear los sobornos policiales. La mejor táctica era, señala Fátima, la de no comunicarse. «Como solo hablábamos gallego y castellano, y nada de inglés, al final se acababan cansando», explica. A su llegada a Mongolia, explican los participantes en el Mongol Rally, se encontraron con niños «que desde pequeños van al ganado, que no tienen nada, y les das un regalo y son súper felices». Pudieron repartir más de mil gafas entre los más pequeños. «Los veías con una sonrisa, se sentían como los más importantes del mundo», afirma Edgar. El regreso a casa fue complicado, ya que en el rali participaron 400 equipos, por lo que, matiza Fátima, «llegó un momento en el que nos juntamos 800 personas en Mongolia que queríamos volver cuanto antes y no había muchos vuelos». Así que tuvieron que esperar seis días hasta volar rumbo a casa. «Yo repetiría todas las veces que pudiese», dice tajante la piloto de Fene, y anima a todo el mundo a vivir una experiencia similar. ¿Y los coches? Pues aunque eran dos pequeños Fiat Seicento «llegaron los dos y otros más grandes quedaron por el camino».

El alcalde de Ferrol, Vicente Irisarri, y la concejala de Benestar, Beatriz Sestayo, despidieron ayer en la casa consistorial a diez niños saharauis que han pasado el verano acogidos por familias de la urbe naval gracias al programa Vacaciones en paz. Los pequeños, que se marchan el lunes, recibieron como regalo una mochila, un reproductor de música de última generación y una linterna. Durante su estancia en la ciudad, los niños tuvieron la oportunidad de disfrutar de una divertida jornada en la piscina y mañana podrán pasar un rato en compañía de los jugadores del Rácing de Ferrol en las instalaciones de A Malata. Luego acudirán a un partido en el estadio ferrolano.