A la carrera y con la disculpa de la lluvia, los fans del asturiano lograron escuchar a su ídolo con 45 minutos de retraso
25 ago 2009 . Actualizado a las 12:30 h.Se hizo esperar. Aunque la culpa fue de la lluvia, y no del chachachá. El esperado concierto de Melendi en el parque Raíña Sofía comenzó ayer con 45 minutos de retraso perdidos entre pruebas de sonido y entrada a trompicones para coger sitio en primera fila. Pero qué era eso para Adriana, Flavia, Daniel, Agus, Alex, Alba, Leticia, Claudia y un sinfín de quinceañeros que coreaban en la mismísima entrada uno de los últimos éxitos del asturiano: Curiosa la cara de tu padre. «Llevamos aquí desde las ocho -de la mañana, entiéndase el sufrimiento de los fans- sin dormir, sin comer, sin hacer pis...», gritaba uno.
A las diez y media de la noche, aún peleaban en rigurosa fila india que casi daba la vuelta al parque formada por una multitud de adolescentes esperando que se abriesen las puertas.
Unos 45 minutos más tarde, se apagaban las luces y comenzaban a sonar las guitarras. «Gallegos y asturianos, primos hermanos» fue la primera pancarta con la que se encontró de frente Melendi cuando hizo aparición sobre el escenario para entonar el tema de su último disco Mis alas son tus hojas.
Su aspecto desaliñado y su voz rasgada no tardaron en hacer efecto, y en menos de un minuto ya tuvo que recoger a sus pies un sujetador de talla extra grande que acabó colgado del pie del micrófono.
Tardó en entonar en un foro lleno de vatios de sonido en el que, pese a sus brindis al respetable, apenas se oían los coros de la mitad del público. La otra mitad intentaba inmortalizar el momento en las tarjetas de memoria de sus cámaras.
Con el segundo tema, Melendi fue completando su atrezzo con un sombrero por cortesía popular. Y para la tercera, Quisiera yo saber, ya no quedaba fuera más que algún grupo que asomaba el hocico entra los barrotes del parque para jipiar algo. Dentro, unas 3.000 personas entregadas solo a medio gas mientras no se caldeaba el ambiente.