Cuando llega el verano, este ferrolano exiliado en Murcia regresa a sus raíces en una casa en la que caben padres, hermanos, sobrinos... Y muchos recuerdos
08 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Paco Purriños, cirujano ferrolano de 43 años, vive en Murcia desde hace ya casi dos décadas, pero cada vez que llega el verano, y pase lo que pase, cambia las cálidas aguas del Mediterráneo por el frío mar del Atlántico. El arroz caldero y la paella por los guisos caseros de su madre. Y las playas atestadas de gente por los amplios y espaciosos arenales de Ares. Allí le espera una casa familiar en la que no solo cabe él, su mujer y sus dos hijos, sino también sus padres, tres hermanos, seis hermanas y un buen puñado de cuñados y sobrinos. «Te puedes imaginar cómo es aquello, una auténtica locura de casa, pero nos lo pasamos muy bien», dice con una sonrisa de oreja a oreja.
Esta particular tribu de los Brady a la aresana tiene su cuartel general en Seselle, el lugar en el que veranea Paco desde que era un crío. Por cosas de la vida, y a medida que fue creciendo, la familia se fue desperdigando por toda España, sobre todo por la zona de Levante, y él acabó viviendo en Murcia. «Me marché allí de joven, porque en esa zona tenía más posibilidad de encontrar trabajo en mi especialidad, la cirugía de cuello y cabeza», explica retrocediendo a sus años mozos. Ahora trabaja en el Hospital del Mar Menor, en Santiago de la Ribera, y vive en la capital de la región.
Paco cuenta que le gusta veranear en Ares por reencontrarse con toda su familia y los amigos de la niñez, pero también por las playas. «Allí no es que no sean bonitas, que lo son, pero están tan llenas de gente y hace tanto calor que solo puedes bañarte y tomar el sol», apunta. Aquí, en cambio, Paco aprovecha los amplios arenales de la comarca para volar cometas con sus hijos -Luis, de 9 años, y Santiago, de 6-, para deslizarse sobre las olas en su tabla de surf o para jugar al rugbi a pie de playa con los amigos.
En esta ocasión, Fátima, su mujer -una murciana de pura cepa- no le ha podido acompañar, pero Paco no tardará mucho en volver a verla, porque hoy mismo, y después de tres semanas reencontrándose con sus raíces, el médico emprenderá el camino de vuelta a casa. En la maleta se lleva una visión de Ares en la que muchas cosas siguen exactamente igual a cuando él era un chaval -las casitas con sus balcones, las playas, la amabilidad de la gente- , pero en la que otras muchas han cambiado. Algunas para mejor. Y otras para peor.
«Lo que menos me gusta es que ahora veo muchas más casas y me da la sensación de que no hay mucho orden ni planificación en su construcción», apunta el cirujano ferrolano mirando a su alrededor al pie de la playa de O Xuncal.
Con todo, Paco Purriños se siente como pez en el agua en Ares. Ese lugar donde vuela cometas con sus hijos. Donde disfruta de los guisos caseros de su madre. Y donde cada verano, pase lo que pase, se reencuentra con su particular tribu de los Brady.