De la catequesis a la farándula

TEXTO Beatriz Antón FOTO Marcos Creo

FERROL

Lucía y su hijo se engancharon al teatro hace diez años; desde entonces, ella trabaja entre bambalinas, mientras que él se transforma en otro cuando pisa el escenario

02 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El destino depara a veces regalos inesperados. Lucía Caneiro y su hijo Jorge debutaron en el mundo del teatro el 24 de diciembre de 1999, con la representación de la obra Onde vai o neno en el Auditorio de Valdoviño. Y el próximo 20 de diciembre del 2009, casi justo diez años después, los dos volverán a coincidir en el mismo escenario, pero con papeles muy diferentes a los de entonces. Él ya no se presentará ante el público como muchacho nervioso que hace sus primeros pintos sobre las tablas, sino que lo hará como como un actor hecho y derecho de una compañía profesional. Y ella, en lugar de estar entre bambalinas, dirigiendo a un grupo de teatro infantil, se sentará en el patio de butacas para aplaudir a su hijo. «Va a ser algo emocionante y muy bonito», dice Lucía con brillo en los ojos.

Pero para contar bien esta historia hay que remontarse diez años atrás. Y explicar que la culpa de todo la tuvo la iglesia. «Yo daba catequesis en Valdoviño y el cura, don Manuel, me encargó que organizase la función navideña, pero me pidió que fuese algo más grande que la típica representación en el altar», explica la madre echando la vista atrás. Lucía se armó de valor, y «sin tener ni idea ni experiencia», montó en el auditorio Onde vai o neno , en la que su hijo, por entonces de 14 añitos, hacía de narrador. «La verdad es que fue todo un éxito y a partir de entonces ya no paramos», apunta risueña.

Un año después, Lucía y otros amigos fundaron la Asociación Cultural Recreativa Os Amigos de Valdoviño, una entidad que hoy cuenta con varios grupos de teatro aficionado y que tiene su sede en una antigua escuela unitaria de Aviño.

Esta mujer simpática y afable, que jamás ha pisado un escenario como actriz, cuenta que se curtió como directora asistiendo a algún que otro curso, pero, sobre todo, coordinando muchos montajes y viendo mucho teatro, por lo que se considera una autodidacta. El caso de Jorge es completamente diferente. Tras varios años con el grupo que dirigía su madre, tomó la determinación de ser actor y para ello decidió formarse: primero, en la Escuela de Teatro de Narón, y después, en la Escuela Superior de Arte Dramático del Principado de Asturias . «Mucha gente me dijo que era una decisión arriesgada, porque esta es una profesión muy inestable, pero mi madre siempre me apoyó», cuenta el joven actor. «Es que yo sabía que él valía; no tenía más que verlo sobre el escenario para darme cuenta», explica ella orgullosa.

Tras cuatro años en Gijón, Jorge decidió regresar a Galicia, «porque aquí hay más oportunidades que allí», y de momento no le va nada mal. La obra Contos mariñeiros de la compañía Os Ghazafellos, en la que participa, ha tenido buenas críticas y ya tiene contratadas catorce funciones para el otoño.

Al final de la entrevista, sin que él se dé cuenta, Lucía lanza un deseo en voz baja: «Ojalá que algún día, en vez de citarnos a los dos, le llaméis a él porque está haciendo algo importante como actor». Ojalá sea así. Ojalá tenga suerte. O, como dirían ellos, ¡mucha mierda!