Empezó en el negocio de la papelería hace treinta y seis años, ahora su hija sigue sus pasos al tomar las riendas de la empresa que su padre levantó
19 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Vicente Díaz-Robles, Vituco para los amigos, regentó durante treinta y seis años el almacén de papelería que lleva su nombre, V. Díaz-Robles. Después de tres décadas trabajando se jubiló ya hace un año. Sin embargo, Cristina, su hija pequeña ha tomado las riendas del negocio.
Vituco empezó en el oficio en 1972 cuando apenas tenía 29 años, influenciado por un cuñado suyo. Mientras visitaba mercado tras mercado intentando colocar las bolsas de plástico que vendía, trabajaba como soldador en la antigua Bazán, ahora Navantia. Pero cuando en 1987 se inició la reconversión naval, dejó la empresa y se dedicó únicamente a la papelería.
Hoy en día V. Díaz-Robles lo componen tres almacenes, y de las bolsas de plástico han pasado a un largo catálogo de productos entre los que se encuentran envases para comida, papel parafinado y de regalo, precintos o rollos de tiques para máquinas registradoras. «Nosotros íbamos viendo las necesidades de los clientes y respondíamos a su demanda», comenta el ya jubilado empresario.
Su hija Cristina, la menor de tres hermanas, empezó a trabajar con su padre en 2002, sin embargo la mecánica laboral de V. Díaz-Robles no le resultó desconocida ya que los meses de verano de sus años universitarios los pasaba trabajando en los almacenes. Hoy dirige la empresa con los mismos empleados que tenía su padre. «Tenemos cuatro trabajadores que llevan aquí años. Somos como una familia», asegura Vicente. De hecho, el empresario se siente muy a gusto con sus empleados que, asegura, son gente sería que trabaja muy bien: «Ellos también han ayudado a hacer posible todo esto». Cristina está contenta siguiendo los pasos de su padre. Aunque no le hubiera importado trabajar de psicóloga, para lo que estudió, hoy en día está satisfecha dirigiendo la empresa que su Vituco levantó.
Por su parte Vicente disfruta de su primer año de jubilación. «Me levanto a las diez de la mañana, tengo tiempo para dedicarme a mis nietos y a mis aficiones como la guitarra y la soldadura», comenta el empresario.
No me llaman
Asegura que se siente muy orgulloso de que su hija haya decidido continuar con la empresa familiar. Él, por su parte, no echa de menos el almacén, aunque si Cristina necesita un consejo no duda en guiarle los pasos. Aunque tal y como dice la nueva gerente intentan llamarlo lo menos posible. «Nos ayudamos entre las hijas, mi padre ya trabajó suficiente. Por ejemplo, me fui de vacaciones el mes pasado y mi hermana fue la que estuvo aquí», comenta Cristina.
Vicente espera que la empresa siga creciendo tal y como hizo hasta el momento, sin embargo afirma que su trabajo ya terminó: «Yo acabé, ahora es cosa de mi hija y la verdad es que lo está haciendo muy bien».
Sin cambios
Cristina asegura que de momento no han pensado ningún cambio. «Mi padre lo hizo bien, por que hasta ahora ha funcionado y lo que marcha correctamente no hay porqué cambiarlo», comenta. Según cuenta Vicente, uno de sus nietos con apenas 9 años, ya le gusta pasearse por el almacén. ¿Estará en marcha una tercera generación?